29 marzo, 2018

La simbología de los colores en la poesía persa medieval


La poesía medieval en Persia está cargada de símbolos que hacen referencia tanto al mundo natural y físico que habitamos los seres humanos como al supernatural, conectado con la Divinidad y las esferas celestes. En este artículo hemos seleccionado los colores más importantes y más habituales en las composiciones medievales, desde la aparición de lo que consideramos el “persa moderno” (c. siglo IX).
A partir de los siglos XI-XII, aunque se pueden encontrar variaciones, la simbología de los colores estaba fuertemente establecida en el lenguaje poético de Persia. Sin embargo, una de las cosas que hay que tener en cuenta es que en aquellos tiempos la división de los colores no era exactamente la que nosotros tenemos ahora. Por ejemplo, muchas veces los límites entre el azul y el verde quedaban difusos, y las tonalidades de rojo y amarillo podían tratarse a menudo como un único color.


Los colores son velos que traspasa la luz, incolora, y ayudan a que sea perceptible. Sin embargo, en la mente de los poetas, especialmente de los místicos, seguían considerándose como algo artificial que la luz, la verdadera pureza de Dios, convertía en valiosos. Así, la luz incolora se desprende de Dios, que es el que tiñe el mundo que nosotros percibimos. Pero detrás de estos velos, siempre está esa luz, invisible y radiante, donde las diferencias entre los colores desapareced y solo queda su ausencia.
Los colores, además, tienen la capacidad de cambiar el entorno y modificarlo, cambiando al mismo tiempo el carácter de las personas. En una de las historias dentro del Mathnawīye Ma’nawī de Rūmī (1207-1273), un chacal que quería aspirar a ser algo más en su vida saltó a una tina llena de tinte y, cuando salió, su pelaje relucía con el sol, mostrando una gran variedad de colores. El chacal regresó junto a sus compañeros y empezó a presumir de su nuevo estado, diciendo que se había convertido en el Pavo Real de los Cielos. Sin embargo, cuando los otros chacales le retaron a hacer aquello que el Pavo Real hacía, él tuvo que admitir que, a pesar de sus nuevos colores, seguía siendo un chacal. Lo que estos cuentos quieren enseñaros que, a pesar de que cubramos el mundo de velos, siempre saldrá a la luz la verdadera naturaleza de las cosas.
Esta es una selección de los colores más populares en la poesía persa medieval y sus significados:
· Azul: el azul es normalmente una sombra suavizada del negro, y esta es la única connotación positiva que puede tener. Los jacintos son a menudo comparados con los rizos de la persona amada, y aunque son azules, esta es una referencia al original negro. Fuera de este contexto, el azul es un color profundamente negativo. Está relacionado con el luto y con las ropas de los ascetas. Una de las imágenes más comunes del cielo azul, especialmente cuando es oscuro, es la de un asceta que actúa de manera desleal. Además, unido a la tradición de Las Mil y Una Noches, los ojos azules están relacionados con la maldad y la desconfianza.



· Rojo: junto con el blanco y el negro, el rojo es uno de los colores más empleados en la literatura persa medieval. Es el color que porta todo el poder de la sangre, la energía, la fuerza y la actividad, aunque también está relacionado estrechamente con la ira. Es e color de las llamas y de los labios y las mejillas del ser amado, así que también tiene ciertas connotaciones pasionales. Como el verde, simboliza fertilidad y por eso los vestidos de las novias suelen ser de este color en algunas regiones. Al ser el color de los mártires, está vinculado al honor y al manto divino de la gloria. También es un color que simboliza riqueza en múltiples objetos, como los rubíes, el coral y el vino.


· Verde: el verde es el color de la vida en la poesía persa medieval. Los manantiales y las pantas siempre son verdes, y en general cualquier otro elemento que indique vitalidad suele presentarse de este color. Además, tiene unas importantísimas connotaciones sagradas, ya que es el color del Paraíso, la resurrección, y el Profeta Muhammad. Aquellos que habitan el Paraíso visten de verde y duermen en almohadas verdes. El verde es también el color de las ropas de los ángeles, y dentro de la tradición Sufí representa los estadios más avanzados del camino espiritual. En el mundo mágico y medicinal, se creía que las esmeraldas tenían poderes sanadores, y que eran las únicas piedras capaces de cegar a serpientes y a dragones. A pesar de que, en general, el verde es un color fundamentalmente positivo, podía tener ciertas connotaciones negativas cuando se refería al óxido de los espejos metálicos.


· Amarillo: si el rojo es el color del ser amado, el amarillo es el del rostro del que ama, comparado con la paja y el azafrán. Representa el sufrimiento humano y la frustración de ser incapaz de alcanzar aquello que se desea. También es símbolo del deterioro, relacionado en el mundo natural con las tonalidades otoñales que tiñen las hojas de los árboles. Pero, por otra parte, es el color del oro y el color del sol, que representan un mundo elevado, una categoría superior y la riqueza, ya que los tejidos más caros se bordaban con hilos de oro.


· Blanco: la importancia del blanco proviene del Corán y del propio pasado preislámico de la Península Arábiga, donde estaba vinculado a la bondad y a la nobleza, y esto era algo que compartían las regiones de Persia y Turquía. En el Corán encontramos el milagro de Moisés enseñando la mano blanca al faraón y a sus magos para probar el respaldo de dios (C7:105), y este episodio se convirtió en Persia en un sinónimo del poder profético, del poder de la transformación. Además, el blanco es el color de las caras de los bendecidos en el Día del Juicio, como también el color de las ropas de los sacerdotes en varias religiones, incluido el Zoroastrismo. Como en muchos otros contextos, el blanco es el color de la pureza, de la luz y de la edad. El príncipe albino Zāl, el hijo adoptivo de Sīmurgh en el Shāh-nāma, era considerado un gran sabio justamente porque su pelo blanco lo dotaba de experiencia y conocimiento.


· Negro: el negro es, por lo general, considerado un color mundano y perteneciente a la tierra, a la realidad que los humanos percibimos. Por eso el nafs, el “yo” de menor categoría, se representa con la figura de un perro negro. Como principal contrario del blanco, el negro es el color de los condenados en el Día del Juicio, de la oscuridad, de la ignorancia, del pecado y la mala fortuna. Pero no solo tenía connotaciones negativas. Estaba vinculado a Saturno, el más lejano de los planetas, y a la India. También con algunas de las partes más hermosas del ser amado, como los cabellos rizados, las pestañas o las pupilas. Además, en el islam tiene una gran presencia sagrada, ya que es el color de la piedra en el santuario de la Ka’ba, de las telas que lo cubren y de la dinastía Abbasí. Algunas fragancias estaban relacionadas con el negro, como el almizcle o el ámbar gris. Además del negro terrenal, existía otro negro, el negro espiritual, que era el color del desvanecimiento provocado por el éxtasis y la extinción, fanā, en el mundo Sufí. Este es el color que no puede verse, pero que consigue que los ojos vean.





BIBLIOGRAFÍA
Tales from the Masnavi, translation by A. J. Arberry, 1961. Online resource: http://www.khamush.com/tales_from_masnavi.htm
DE BRUIJN, J.T.P. (ed.): General Introduction to Persian Literature, London-New York, Tauris, 2009.
RYPKA, Jan: History of Iranian Literature. Dordrecht: D. Reidel, 1968.
SCHIMMEL, Annemarie: “Color Symbolism in Persian Literature”, Encyclopaedia Iranica, 1992. Online resource: http://www.iranicaonline.org/articles/color-pers-rang

14 marzo, 2018

Mythical Wednesday: Šerida/Aya, the Light goddess


Name: Šerida (Sumerian), Aya (Akkadian)
Geographical area: Šerida/Aya was worshipped alongside her companion, the sun god Šamaš, at the temples located in Sippar and Larsa. Both had the same name, E-babbar, which means “the white house”.
Timeline: Šerida/Aya became especially popular during the Early Dynastic period (c. 2900-2350 BCE) and the Old Babylonian period (c. 2000-1600 BCE). Her Sumerian name, Šerida, appears in the poem Nanna-Suen’s journey to Nibru dated around 1800 BCE. Its Akkadian version, Aya, was quite a popular personal name associated with female slaves working for the nadītu, the sacred priestess from the temples.
From the first millennium on, Šerida/Aya appears in texts from the Neo-Assyrian period (911-612 BCE), including the version in standard Babylonian of the Epic of Gilgameš. Her cult was restored by Nabonidus, the last king of Babylonia, after rebuilding the temple of Šamaš in Sippar.

"Sunrise" by Cirle-Art in Deviant-Art
https://circle-art.deviantart.com/art/Sunrise-353831707

History: Šerida/Aya was mostly known for being the consort goddess of the solar deity, Utu/Šamaš. Her marriage with this god gave her powers upon the sunlight, especially with the one regarding the sunbreak, since “Aya” is the Akkadian word for “dawn”. In Nanna-Suen’s journey to Nibru she appears at her temple in Larsa and she is one of the goddesses who tries to seduce Nanna/Sin to make him leave his boat’s cargo at her city. However, Nanna rebuffs her and carries on with his journey.
Later on, in Old Babyonian period (c. 2000-1600 BCE), she became a symbol of fertility, maternity and sexual activity. The administrative texts from Sippar dated in this period show that Aya fulfilled alongside with Šamaš the role of justice guardian, being present at trials and commercial agreements to assure their proper development. She also features in the Epic of Gilgameš where she is called “the great bride”. In the III tablet Gilgameš is planning on venturing in the Cedar Forest to defy Humbaba, its guardian, and his mother Ninsumun blames the sun god, Šamaš, for inciting his son. Ninsumun climbs to the temple’s roof and begs Aya to protect Gilgameš at night, when the sun is not in the sky.

Impression of a clay royal seal from Old Babylonian period.
Aya and Šamaš appear to the left, identified with the inscription.
Currently displayed at the British Museum. 

Iconography: Aya is identified in a royal seal next to Šamaš, both showing human shape. The goddess is dressed in the kaunakes, the woolen skirt so common in Mesopotamian iconography. She also wears a mantle and her hair up with what could be a tiara, a diadem or some other hair ornament. Generally, Aya’s aspect is the one of a noble, high class lady, highlighting her role as the spouse of the Sun.
Similar deities in other cults: Aya (Ugaritic), Ninkar, Sudag, Sudgan, Ninmulguna, Munusulšutag (all from Achaemenid period).

BIBLIOGRAPHY:
BLACK, Jeremy and GREEN, Anthony: Gods, Demons and Symbols of Ancient Mesopotamia. The British Museum Press, London, ed. 2004.
Corpus of Ancient Mesopotamian Gods and Goddesses: http://oracc.museum.upenn.edu/amgg/index.html