31 marzo, 2015

Épica sumeria I: el «Lugalbanda»

«Lugalbanda» se refiere al mismo tiempo a uno de los héroes más famosos de la literatura sumeria y al poema que protagoniza. La datación de esta historia, según Piotr Michalowski, correspondería al III periodo de Ur, entre el 2100 y el 2000 aec[1]. Este se conoce como «el renacimiento sumerio», y es el momento en que la mayoría de grandes relatos y obras literarias de Sumer se escriben. Aunque el autor recoge que existe una primera versión del Lugalbanda en el I periodo protodinástico (2600 aec), junto con otros textos que al parecer emergieron al mismo tiempo.
Siempre que se estudien o se manejen estos textos, como en cualquier otra aproximación a la literatura sumeria, se deben advertir los posibles cambios que las traducciones a partir de 1800 del cuneiforme introdujeron, o pudieron introducir. Además, en el caso de Lugalbanda (como personaje) no se le encuentra únicamente en el poema al que da nombre, sino que es la segunda parte de una tríada de héroes que son la base y piedra angular de la literatura sumeria: Enmerkar – Lugalbanda – Gilgamesh, siendo este último el más conocido. Los dos primeros, Enmerkar y Lugalbanda, se encuentran dentro de lo que los historiadores llaman la «Materia de Aratta», de la que os hablaremos otro día.
En este artículo analizaremos, no obstante, el poema Lugalbanda, como historia única y particular dentro de la cultura primigenia en Mesopotamia.

Rey sumerio del Estandarte de Ur


Un poema en dos partes
Según los estudios realizados por H. Vanstiphout, los dos textos que se refieren a las aventuras de Lugalbanda pueden aunarse en un único hilo argumental, separado en dos partes o fases diferentes: «Lugalbanda en las montañas» y «El regreso de Lugalbanda». Los argumentos del historiador para esta unión son muchos y no pueden ignorarse, que añade que «ninguno de los dos está completo sin el otro»[2]. Pero para comprenderlos, hemos recogido un pequeño resumen del argumento de ambos, ya que es necesario saber la historia para visualizar cómo se complementan entre ellas.
-       Lugalbanda en las montañas
Enmerkar, señor de Unug (otro de los muchos nombres que Uruk recibió a lo largo de la historia) marcha sobre Aratta para conquistarla. En el camino, Lugalbanda (que podría ser su hijo, pero no está del todo claro) cae mortalmente enfermo y es abandonado en una cueva en las montañas. Cuando está debatiéndose entre la vida y la muerte lanza una plegaria a las Cuatro Grandes Luminarias, que le salvan la vida. Con la ayuda de Utu/Šamaš (el Sol) consigue dominar a los espíritus que se le echan encima, pero después parece seguir una terrible batalla cósmica entre las fuerzas de la Luz y los espíritus de la Oscuridad.
-       El regreso de Lugalbanda
La batalla arrastra al protagonista hasta las Tierras Altas, dominio del pájaro Anzû, Rey de los Demonios (si quieres leer el artículo que le dedicamos a Anzû en exclusiva, haz click aquí). Para ganarse su favor, da un gran festín para su cachorro y lo honra como a un príncipe. Complacido, Anzû le concede a Lugalbanda la velocidad sobrehumana para llegar a tiempo junto a sus hermanos al cerco puesto en Aratta. Una vez allí, como nuevo heraldo de los dioses y protegido del Rey Demonio, Lugalbanda recibe la misión de regresar a Uruk para honrar a Inana en su templo y pedirle consejo sobre qué hacer a continuación. En menos de un día Lugalbanda ha vuelto, y finalmente Aratta se rinde pacíficamente. 
Para empezar, el marco general de ambas historias parece indicar que, tal y como mantiene Vanstiphout, una sigue a la otra. En la línea del poema, la campaña contra Aratta se olvida en el preciso momento en que los hermanos de Lugalbanda lo abandonan en las montañas, para centrar el desarrollo en el protagonista, y solo vuelve  a retomarse cuando él llega con Anzû a la ciudad sitiada. Además, el proceso militar parece estar inconcluso y sin soluciones posibles hasta que el joven heraldo de los dioses hace su aparición.
Al inicio del poema todo indica que el héroe protagonista va a ser Enmerkar, que ya es un adulto y rey de Uruk. Pero todo cambia cuando Lugalbanda se pone enfermo y pasa a ser el indiscutible centro de la historia. Hay que sumar otro argumento formal de Vanstiphout, que señala que mientras «Lugalbanda en las montañas» empieza con una introducción que sitúa al oyente o lector en un espacio y tiempo determinados, «El regreso de Lugalbanda», o al menos lo que se conserva, simplemente continúa la historia después de esa batalla épica entre Luz y Oscuridad, justo cuando el protagonista se encuentra perdido en las Tierras Altas.
Por último, pero no por ello menos importante, está el asunto del contenido argumental. Vanstiphout recuerda que la parte final de «Lugalbanda en las montañas» no se comprende del todo bien; no obstante, lo que sucede mientras Lugalbanda está solo en las montañas no es solo su propio proceso de supervivencia, sino la ascensión de su propio ser a una categoría sagrada equiparable a la de un dios. Los dioses le garantizan su protección, e incluso los demonios, como hará Anzû más adelante. A partir de este momento, Lugalbanda es un ser por encima de los demás, está envuelto en poder y aura divinos. Además, estos poderes adquiridos por el protagonista resultan indispensables para resolver el conflicto de Enmerkar en Aratta. En otras palabras, todo va conjurándose hasta llegar al desenlace, que prueba una vez más que los dioses lo tienen todo planeado y que su voluntad es inmutable.

El protagonista
El nombre de Lugalbanda contiene en sí mismo una poderosa fuerza, ya que está formado por dos palabras en cuneiforme que adelantan las grandes aventuras que deparan a este muchacho. Porque otro detalle a tener en cuenta es que el héroe es apenas un muchacho cuando su epopeya empieza. Estas dos palabras son «lugal-», que significa «rey», y «-banda», que tiene acepción tanto de «joven» o «pequeño», pero también de «fiero»[3]. Quizá el significado completo quisiera evocar algo parecido a «joven fiero rey», comparándolo con los leones, uno de los animales sobresalientes en la mitología mesopotámica, pero sobre eso no pueden sino hacerse especulaciones.

Caracteres en cuneiforme para «lugal-»
Caracteres en cuneiforme para «-banda»

Aunque no sabemos la edad exacta de Lugalbanda, podemos deducir que es al menos más joven que Enmerkar y el más pequeño de sus hermnos. El poema dice lo siguiente:
«Ellos eran siente, ellos eran siete.
Siete eran los jóvenes muchachos nacidos en Kulab.
Uraš[4] dio a luz a estos siete; la Vaca Salvaje los amantó con su leche.
Eran héores, los más bellos de Sumer y magníficos en su gloria.
Crecieron en la alta mesa de An.
Estos siete eran lugartenientes de compañías,
eran capitanes de regimientos,
eran generales de brigadas.
Lugartenientes de trescientos hombres cada uno,
capitanes de seiscientos hombres cada uno,
generales de siete šar[5] de hombres cada uno.
Servían a su señor como tropas de élite.
Lugalbanda era el octavo de ellos.
[…] Fue lavado en agua.
Marchó con el resto en modesto silencio.»

Es importante señalar que Lugalbanda alcanza la posición de héroe sin ninguna proeza, digamos, violenta. Gracias a él se consigue la victoria de Uruk sobre Aratta, y todo cuanto hace es correr para llevar el mensaje de su soberano Enmerkar. No mata ninguna bestia o monstruo como después haría Gilgamesh o no desafía la fuerza de otro reino como justo ha hecho Enmerkar.

Curiosidades
- En la Lista Real Sumeria aparece recogido un rey de E-anna con el nombre de Lugalbanda, con el epíteto de «el Pastor», en la Segunda Dinastía de Uruk después del diluvio, y se dice que «gobernó en E-ana durante 1200 años»[6]. E-ana o Eanna es uno de los nombres que Uruk tuvo a lo largo de su historia milenaria. Actualmente se utiliza para designar a uno de los distritos arqueológicos de la ciudad[7]. Debido a que esta compilación de reyes y reinados está más bien a caballo entre lo mitológico y lo histórico, la teoría que colocaría a Lugalbanda como rey de Uruk en el periodo protodinástico (ca. 2900 aec) no es sino un conjunto de suposiciones y vagos hallazgos arqueológicos.
Lugalbanda es uno de los cuentos adaptados para niños más populares en Iraq actualmente, y ha tenido múltiples reediciones y traducciones. Las ilustraciones de Jane Ray son las más conocidas entre el público angloparlante.

Portada de Lugalbanda ilustrada por Jane Ray


Bibliografía
The Electronic Corpus of Sumerian Literature. Faculty of Oriental Studies, University of Oxford. Recurso online.
The Pennsylvania Sumerian Dictionary. Babylonian Section of the University of Pennsylvania Museum of Anthropology and Archaeology. Recurso online.
Beaulieu, P.: The Pantheon of Uruk During the Neo-Babylonian Period. Leiden, Brill, 2003.
Michalowski, P.: «Maybe Epic: The Origins and Reception of Sumerian Heroic Poetry», en: KONSTANS, D. y RAAFLAUB, K. (eds.): Epic and History. Oxford, Blackwells. 2009, pp. 7-25.  
Vanstiphout, H. L. J. y  Cooper, J. S.: Epics of Sumerian Kings: The Matter of Aratta. Atlanta, Society of Biblical Lit, 2003.





[1] MICHALOWSKI, P., op. cit, p. 13.
[2] Vanstiphout, H., op. cit., p. 97, títulos originales: «Lugalbanda in the wilderness» y «The return of Lugalbanda»
[3] PSD, op. cit.
[4] Uraš es la diosa sumeria de la tierra, que más adelante se transformaría en Ki. Es consorte de An, el Cielo.
[5] El šar es el número 36.000 o también puede ser el infinito, ya que su representación primigenia es un círculo cerrado. Vanstiphout, H., op. cit., p. 160.
[6] ECSL, op. cit.
[7] Beaulieu, P., op. cit, p. 111-115.

21 marzo, 2015

Nowrūz, el año nuevo persa

No hemos podido preparar el artículo extenso que este tema se merece, pero no queríamos dejar pasar la ocasión de hablaros del que probablemente sea el acontecimiento más importante dentro de Irán y el mantenido directamente de la tradición avéstica. Lo que hoy os traemos es un resumen de en qué consiste Nowrūz, el día de año nuevo, y cómo se celebra en la actualidad, fundamentalmente en Irán, pero también en otros países.
Es importante, antes de hablar de Nowrūz como tal, tener en cuenta algunas cosas: primero, que el calendario persa es diferente al calendario gregoriano. Se trata de una división en su origen lunar en doce meses, y el año que hoy empieza es el 1394. Esta es la última datación que se realizó mediante el calendario solar  conocido como Hijri, que es el oficial en Irán y en Afghanistán, aunque la fiesta de Nowrūz se celebra también en India, Pakistán e Iraq. Los primeros seis meses tienen 31 días, los siguientes cinco tienen 30 y el último mes del año tiene 29.
Y, ahora sí, hablemos de Nowrūz.
Formada por los términos en pahlavi «now», que significa «nuevo», y «rūz», que quiere decir «día» (aunque originalmente la palabra probablemente quiso decir «luz»), esta palabra da nombre al primer día del mes de Farvardin, que da inicio al nuevo año persa. Este día suele coincidir con el equinoccio solar e inicio de la primavera (que en farsī se dice «Bahan»), el día en que el sol entra en el primer grado de Aries y abandona el último de Piscis. Como curiosidad, es interesante señalar que el día retrocede al europeo 20 de marzo cada cuatro años, para seguir la posición exacta del sol.  

El origen
Tradicionalmente se ubica el origen de Nowrūz en el zoroastrismo, o incluso en la tradición mithraica, aún más antigua, debido a la importancia del culto solar en la misma.  Zoroastro, el discípulo de Ahura Mazdā, gran dios creador, fue el ideario de este día que conmemoraba el final del invierno y la llegada de la primavera. Aunque en realidad no hay pruebas determinantes de que se tratase de Zoroastro el personal creador de esta fiesta, eso es lo que la tradición mantiene.
Ya fue importante durante el periodo Aqueménida, y de hecho es en el siglo II cuando se registra en el primer testimonio por escrito que se conserva sobre él. Este día todos los reyes bajo el dominio persa acudían a la capital para presentar regalos y ofrendas al Šāhanšāh, Rey de reyes. Las representaciones que rodean la plataforma de la Apadana de Persépolis muestran estas comitivas, donde las diferentes naciones pueden identificarse por las vestimentas y los regalos que presentan. Además, aquí se encuentra una de las piezas artísticas del periodo Aqueménida por excelencia, esto es, el león que devora al toro, en representación del sol devorando al invierno para dar paso a la nueva estación.
Delegación de Babilonia en la Apadana
Escaleras de la Apadana

Hāji Firuz
Como tantísimas otras fiestas, Nowrūz también tiene su heraldo particular. Se trata de Hāji Firuz o Baba Nowrūz, el guardián del fuego que cuida de que todo salga bien en este día tan especial. Es un personaje cuya cara está cubierta de hollín, y que viste un atuendo de un intenso color rojo y un gorro de fieltro. Tradicionalmente, antes de empezar las celebraciones canta «Hāji Firuz-e, sal-i-ye ruz-e», «es el momento de Hāji Firuz, solo ocurre una vez al año». Él y la banda de músicos que lo acompañan cantan canciones para dirigir el año nuevo, y es bastante común que la gente se reúna en los barrios alrededor de este geniecillo que proporciona al mismo tiempo la carcajada y la seguridad de que el año empezará con buen pie.
Hāji Firuz y sus músicos
Hāji Firuz está muy intensamente relacionado con el fuego; de hecho, él mismo lo representa con su atuendo de color rojo. El fuego es muy importante en el zoroastrismo, ya que es fuente de poder absoluto, vida y muerte. En origen, este personaje era el que anunciaba la llegada de Nowrūz, al mismo tiempo que recordaba a las familias que debían salir a la calle para quemar sus objetos viejos, en un ritual de renovación mediante las llamas.

«Khooneh Takouni»
Como otros tantísimos rituales para empezar un nuevo año, Nowrūz comienza con una limpieza exhaustiva de la casa, la limpieza de la primavera «Khooneh Takouni», que literalmente quiere decir «sacudir la casa». Es también habitual que se estrene ropa en este día, que se tiren las cosas viejas y se sustituyan por otras nuevas y, lo más importante, que se visite a los familiares.
Los doce días previos a Nowrūz las familias se mueven para visitar a otros parientes, especialmente a los mayores, así como a otros amigos. Porque ante todo el año nuevo es un acontecimiento social y compartido para todos, carece de sentido si uno no lo celebra junto a sus seres cercanos.

«Haft Sīn» y otros símbolos de Nowrūz
Posiblemente lo más famoso, particular y típico de Nowrūz sea la gran mesa tradicional, conocida como «Haft Sīn», «Siete Eses». Esto se debe a que cada uno de los elementos que la componen tiene como primera letra de su nombre la sīn del alfabeto persa. Cada una de las cosas en esta mesa tiene un significado especial y una invocación para traer aquello que simbolizan al año que está empezando.
No obstante, se han de cumplir algunas normas para preparar esta mesa. Primero, los alimentos deben empezar por «s», lo que ya está claro, pero únicamente en farsī. En otros idiomas, como turco o árabe, no se consideran válidos. Como tampoco si son ajenos a la cultura persa. También tienen que ser comestibles y de origen vegetal. Por último, el nombre no puede ser compuesto, sino que debe ser una única palabra. Además, cada uno de los elementos está asociado a una divinidad en el mundo avéstico, y esto es muy importante. Durante Nowrūz se conjura a Ahura Mazdā y sus seis Ameša Spenta, «Abundantes Inmortales».
Estas son las «Siete Eses»:
Seer: ajo, simbolizando la medicina. Esta es la planta del Gran Creador, Ahura Mazdā, ya que en sus raíces se encuentra el remedio para muchas enfermedades diferentes.
Sabzeh: brotes de trigo, lentejas o cebada atados con un lazo y creciendo en un plato, que representan el renacer. Es el símbolo de Aša Vahišta, Rectitud o Mejor Verdad, que personifica los verdes campos y las praderas.
Samanu: un postre a base de germen de trigo que representa la riqueza y a Xšaθra Vairya, la Atrayente Dominación.
Senjed: fruta seca del árbol del paraíso (Elaeagnus angustifolia), en representación del amor. Haurvatāt, la Totalidad
Seeb: manzanas, por la belleza y la salud, que representan a Spənta Armaiti, la Sagrada Devoción.
Somāq: especia de la planta también llamada rhus o sumac, que representa el color del amanecer del nuevo día y el nuevo año. Es la planta de Vohu Manah, el Buen Propósito, ser del cielo y la lluvia.
Serkeh: vinagre, que representa la edad y la paciencia, y que llama a Amərətāt, la Inmortalidad.


Como comentábamos, estos son los elementos alimenticios que se colocan en la mesa, que van acompañados de otros con también significados más allá de su apariencia. Otros símbolos presentes en Nowrūz pueden ser:
Velas encendidas, para llamar a la luz y al sol.
Un espejo, representando la honestidad y la limpieza.
Una pecera con un pececito de colores dentro, que al mismo tiempo simboliza la vida dentro del agua que la proporciona, y también a Piscis, signo que el sol está abandonando para entrar en Aries.
Un libro, que puede tratarse de uno sagrado como el Corán, pero que en muchas ocasiones es el Šāh-nāmeh de Ferdowsī o el Diwan de Hafez.
Huevos decorados, normalmente uno por miembro de la familia.
Monedas, para atraer la riqueza.
Flores, simbolizando belleza y vida, la primavera.
Dulces o fruta desecada para ofrecer a los invitados.


¡Feliz Nowrūz para todos nuestros lectores!

Bibliografía
Nowruz, Encyclopaedia Britannica. Recurso disponible online.
Nowruz, Encyclopaedia Irannica. Recurso disponible online.
BASHIRI,I.: Nowruz: origins and rituals,2001. Recurso disponible online.
Dhalla, M. N. History of Zoroastrianism, 1938. New York, Oxford University Press.

06 marzo, 2015

Rey de los demonios I: Anzû en el «Lugalbanda»

A la hora de aproximarse a la demonología en Mesopotamia, se plantean ciertos problemas: el primero de todos ellos es que el panteón mesopotámico, tanto sumerio como acadio y babilónico, tiene en su haber cientos de demonios diferentes, entre demonios mayores y menores, espíritus y criaturas malignas. En muchos de los casos se confunden unos con otros, por la proximidad en los nombres o en las características. Además sumamos el inconveniente de que con el cambio de Sumer a Akkad y luego a Babilonia, estos personajes se transforman y adquieren nombres diferentes, aunque siguen siendo la misma criatura.
Teniendo en cuenta el acercamiento desde la Historia del Arte, otro problema es que no quedan apenas representaciones de ellos. La única bien conservada es uno de los relieves del templo de Ninurta en Nimrud, destruido por el fuego en el año 612 aec. El arqueólogo inglés Austen Henry Layard realizó una serie de grabados sobre estos relieves, y hoy en día es la representación de demonio mesopotámico más famosa que queda. Y, posiblemente, la de demonio estándar. Porque todas las fuentes demonológicas aluden a ella para dar la imagen de cualquiera de los monstruos de los que se esté tratando (sin contar algunos de los más famosos, como por ejemplo Pazuzu, que afortunadamente cuenta con iconografía propia y se ha conservado hasta nuestros días). En resumen, no contamos con fuentes iconográficas sobre estas criaturas, tan importantes en Mesopotamia.
Sin embargo, sí contamos con fuentes literarias, que son las que han conservado hasta nuestros días el nombre y la función de muchos de estos demonios. La literatura de Sumer, Acad y Babilonia es el recurso primigenio al que uno debe acercarse para conocer de primera mano (y salvando distancias de traducciones y posibles cambios debido a los milenios que nos separan) a uno de los personajes más temibles y poderosos de todos: el pájaro Anzû.
Grabado de Austen Henry Layard,
Monuments of Nineveh, 2nd Series, 1853

Existen diferentes relatos en los que esta criatura aparece, siempre como rey de los demonios. Lo primero que se tiene que aclarar es que este epíteto de «rey» no alude a una posición sino preeminente de Anzû sobre el resto de monstruos. De hecho, se podría considerar que el panteón demonológico de Mesopotamia tiene muchos «reyes»; por ejemplo, Asag/Asakku es otro de los grandes espíritus malignos, del que quizá hablemos otro día. Pero Anzû o «pájaro Anzû» es desde luego uno de los más importantes.
El mito de esta criatura tiene, como hemos comentado, diferentes versiones, siendo el Lugalbanda la primera de la que hablaremos. Presentar este poema lleva algo más de tiempo, así que si os interesa, os dejamos el enlace al artículo que le dedicamos en exclusiva aquí.
Siguiendo la tesis de Vanstiphout y Cooper, que aúnan las dos partes que se conservan del Lugalbanda en una única obra, encontraríamos a Anzû en la segunda mitad, que ellos llaman «El regreso de Lugalbanda»[1]. Cuando el héroe protagonista consigue sobrevivir a la batalla entre las fuerzas de la Luz y los espíritus de la Oscuridad, se encuentra perdido en la frontera de un paraje inhabitado e inhóspito, una zona de las montañas dominadas por lo que en el poema se nombra como «pájaro del trueno, Anzû/Anzud»[2].
Antes de continuar es necesario incluir una pequeña matización al respecto de este mito. Si bien Anzû es considerado un superior entre los demonios, en el Lugalbanda el papel que juega no es de malvado o enemigo del héroe. Esto es una de las primeras cosas que sorprende de este mito, ya que la fama en general de esta criatura es la de némesis de los grandes dioses, como se recoge en otras historias. En este caso, Anzû no solo resulta ser un demonio benéfico, sino que será fundamental para el desarrollo de Lugalbanda, el héroe protagonista.
Junto a esta idea traemos a colación la revisión que debe hacerse sobre el término «demonio» en la actualidad, ya que no sería correcto observarlo desde un prisma cristiano, tan extendido, y entender que automáticamente un demonio es una criatura nociva o peligrosa. Bien es cierto que el caso de Anzû resulta perfecto para observar esta contraposición, ya que en los dos mitos muestra sus dos caras, el peligro y el auxilio, pero en ningún momento deja de ser un demonio.

El controvertido nombre de Anzû
No se puede empezar una presentación sin un nombre, y el de este rey de los demonios tiene mucha madeja que desenredar. Se trata de unos nombres más controvertidos de la demonología mesopotámica, ya que los especialistas no consiguen ponerse de acuerdo en una explicación.
Vanstiphout y Cooper exponen lo siguiente: está aceptado en consenso general que el nombre escrito en cuneiforme representa los caracteres «IM.DUGUD», que se refieren a «nube cargada», «nube de tormenta». Esto se leería «ANZÛ», que es tal y como los investigadores nos han presentado a la criatura. No obstante, en estos poemas a «IM.DUGUD» se le añade el determinante «MUŠEN», indicando que es un pájaro, lo que daría como resultado «pájaro de la tormenta/del trueno» o «thunderbird» en inglés.
Los caracteres de IM.DUGUD, Anzû

La teoría de estos dos historiadores, después de haber analizado el Lugalbanda, es que lo que los escribas querían evocar con este nombre era precisamente el terrible poder de Anzû como ser capaz de controlar algo tan temible en Mesopotamia como una tormenta, que podía provocar una inundación o incluso un nuevo diluvio. De manera que utilizaron esos caracteres para incorporar la metáfora al nombre del demonio[3].

Lugalbanda y el cachorro
El héroe del poema, al que habíamos dejado en la frontera del montañoso y escarpado reino de Anzû, decide invocar la ayuda de este demonio para poder volver con sus compañeros. Pero cuando alcanza el nido, se encuentra con que ni el macho ni su compañera están allí, y que en su lugar se encuentra el pequeño cachorro de ambos. Entonces Lugalbanda tiene una idea: tratará al cachorro como a un dios y celebrará un festín para él, de manera que pueda ganarse el favor del rey de los demonios.
Es muy interesante repasar todas las cosas que Lugalbanda organiza para el cachorro, ya que es una descripción detallada de los actos considerados más nobles en la Antigua Mesopotamia. Siendo los mitos un reflejo de las cortes terrenales, se pueden encontrar desde ingredientes de cocina hasta otro tipo de regalos, que enumeraremos a continuación.
Lo primero que detalla el poema es lo que el héroe da de comer al cachorro. Haciendo gala de su inteligencia, prepara un festín digno de los dioses. Esto es una muestra de cómo a Anzû se le teme y se le venera como a una divinidad; demoníaca, pero divina. Lugalbanda prepara diferentes pasteles o tartas, que amasa con miel, además de carne salada. Coloca todo esto ante el nido y espera a que el cachorro se acerque. Entonces él mismo lo acaricia y le da de comer. Poco a poco va colocando la carne y los dulces en su boca, para que no se atragante (porque no hay que perder de vista que es una cría).
Después de haber alimentado al pequeño, Lugalbanda lleva a cabo una serie de acciones con las que lo reverencia, lo eleva y lo trata como lo que al fin y al cabo es: el hijo de un dios demonio superior. El héroe le pinta con kohl los ojos al cachorro, le coloca unas gotas de esencia de cedro en la cabeza con ligeros golpecitos y le ofrece un rollo más de carne salada. De esto se pueden deducir varias cosas; la primera de ellas, que perfilarse los ojos con pigmento negro era una actividad reservada a las más altas clases de la sociedad, y que era habitual tanto en hombres como en mujeres. Lo segundo, que el perfume era, como en otras culturas antiguas, una manera de representar superioridad y respeto, ya que uncir la frente con esencias también se practicaba en príncipes y reyes. Lo tercero, que la carne debía de ser un bien escaso y exclusivo, y que probablemente añadirle sal no era sino una manera de ayudar a su conservación.
· El nido
Entre el plan de Lugalbanda y su puesta en práctica se incluye una breve descripción de cómo es el nido de Anzû. Los versos dicen así:
«Y así había un espléndido árbol de águilas de Enki.
En lo alto de una colina de matiz como cornalina[4] de Inana
se levantaba – anclado a la tierra como si fuese una torre
y salvaje como un A.RU.
Su sombra cubría los picos más altos de las tierras altas
como una tela, se esparcía sobre ellas como una túnica extendida.
Sus raíces como serpientes sagkal
reposaban sobre el río de siete desembocaduras del Sol.
[…]
Allí el pájaro Anzû construyó su nido
y crió a sus cachorros.
El nido estaba construido de enebro y boj;
el pájaro había tejido sus ramas brillantes como una sombra enredada.»[5]

Anzû
Después de que el cachorro se duerma, Lugalbanda espera fuera del nido a que el rey de los demonios regrese con su compañera. Es otro detalle digno de señalar, ya que en ningún momento el héroe pone un pie en la casa del dios, lo que puede indicarnos que hacerlo libremente podría ser motivo de terrible deshonor y traer la desgracia para él.
El poema nos describe cómo Anzû está cazando toros salvajes de las montañas (incluso cuenta cómo sujeta con sus garras a uno que vomita bilis), y después da vueltas sobre su nido y llama a su cachorro hasta tres veces, pero no le responde. Espantado de que haya podido ocurrirle algo a su cría, Anzû vuelve a su hogar para encontrarse con que su pequeño está perfectamente, perfumado y honorado, y que ha sido el héroe Lugalbanda el que ha dispuesto todos esos regalos para él.
· El aspecto del demonio
El Lugalbanda no dedica versos específicos a describir qué aspecto tiene Anzû, sino que como es habitual en la literatura de Mesopotamia, esta descripción se encuentra repartida a lo largo de todos los episodios en los que aparece.
Lo primero que podemos decir de Anzû, aunque pueda parecer una simpleza, es que tiene alas y garras. Es decir, que podemos evocar perfectamente la figura de una gigantesca ave de presa, porque para cargar un toro hace falta una gran fuerza. Además, se cuenta que Lugalbanda coloca la comida directamente en el «pico» del cachorro. No obstante, otros versos del poema dicen:
«Al amanecer, cuando Anzû llama,
la tierra de Lulubu se estremece con su grito.
Tiene dientes de tiburón y garras de águila.
De terror ante él los toros se dispersan en pánico,
los venados huyen a las montañas.»[6]

De esto se puede deducir que Anzû podría tener el rostro de una fiera, tal y como encontramos en estas representaciones que según los especialistas estaban mostrando a esta criatura demoníaca
Placa de alabastro votiva de Ur-Nanshe, rey de Lagash.
Anzû aparece representado como un águila con cabeza de león
ca. 2550-2500 AEC (Musée du Louvre, París)

Lugalbanda, al encontrarse cara a cara con el rey de los demonios, camina hacia él dividido entre la alegría y el terror supremo. En su discurso, da otros tantos detalles del aspecto que tiene Anzû:
«Pájaro de ojos relucientes,
nacido en estas tierras[7] (...).
Tu abuelo, príncipe de todo patrimonio,
puso el cielo en tu mano y la tierra a tus pies.
Tus alas desplegadas se extienden como una red en el cielo (…).
Tu columna es recta como la de un escriba.
La visión de tu pecho al volar
es como Niraḫ[8] separando las aguas
Tu espalda es un vergel de palmeras,
quita el aliento atreverse a mirarte.»[9]

Placa de alabastro de Dudu, sacerdote de Ningirsu en Lagash.
Anzû aparece en la esquina izquierda como águila con cabeza de león.
ca. 2400 AEC (Musée du Louvre, París)

· El poder supremo
Ante la visión de su pequeño exultante, Anzû se presenta a sí mismo como hijo de Enlil, cabeza del panteón Sumerio, y da detalles importantes de su ascendencia y de hasta dónde alcanza su poder:
«Yo soy el príncipe que decide el destino de los ríos que corren.
Mantengo el camino recto y claro que sigue el consejo de Enlil.
Mi padre Enlil me trajo aquí.
Me dejó guardar la entrada a las montañas
como una gran puerta.
Si decido un destino, ¿quién se atrevería a alterarlo?
Si digo una palabra, ¿quién se atrevería a cambiarla?
A cualquiera que haya hecho esto,
si eres un dios, hablaré contigo. Incluso seré tu amigo.
Si eres un hombre, sellaré tu destino.
Y no tendrías oponente entre las montañas.
Y serás el ‘héroe engrandecido por Anzû’.»[10]

Más cosas a destacar de estos versos. Lo primero, es que el propio Enlil es el padre de Anzû, esto es, el dios superior engendra al demonio superior, y lo retira a las montañas para que viva allí, en un paraje inhóspito donde su poder no pueda alcanzar a los hombres. Sin embargo, no es que Enlil destierre al Anzû, sino que le proporciona el poder del absolutismo del juicio. Aquello que el demonio decreta es ley, y nada puede cambiarlo. El poder de hacer y deshacer, supremo entre tantos otros poderes de los dioses mesopotámicos. Aquel que solo las más elevadas divinidades poseen.
Además, Anzû es el encargado de las Tierras Altas en las que vive, ya que decidir el destino de los ríos que corren, además de ser una muestra del control absoluto que ejerce sobre la tierra que gobierna, es también una metáfora con las vidas de otros, y sobre la capacidad de modificarlas, alargarlas o eliminarlas.

El regalo de Anzû
Lugalbanda se arrodilla ante Anzû y le dice que si ha llegado hasta sus tierras y sobrevivido ha sido solo gracias a que él lo ha querido así. De manera que desde ese momento se encomendó a él. Su compañera será su madre, sus cachorros serán sus hermanos. El héroe baja la cabeza y deja que el rey de los demonios elija su destino. Evidentemente, Anzû no reacciona sino con gratitud ante la actitud que el inteligente protagonista ha tenido con su cría, y lo tienta con regalos de poder, riquezas, bienes y tierras fértiles para plantar un auténtico paraíso.
Pero Lugalbanda rechaza todos estos presentes y lo único que le pide a Anzû es la velocidad, la velocidad con que él vuela. Así podrá regresar a la ciudad sitiada de Aratta y reunirse con sus compañeros a tiempo.
Y el rey de los demonios no solo le concede su deseo, sino que al mismo tiempo que él recorre la distancia desde el cielo, Lugalbanda corre bajo su sombra. Y las montañas más escapadas se allanan a su paso, los ríos se secan y la tierra se doblega ante las órdenes de Anzû para que el héroe pueda cumplir con su destino, protegido bajo las alas del poderoso rey demonio.

Bibliografía
The Electronic Corpus of Sumerian Literature. Faculty of Oriental Studies, University of Oxford. Recurso online.
VANSTIPHOUT, H. L. J. y  COOPER, J. S.: Epics of Sumerian Kings: The Matter of Aratta. Society of Biblical Lit, 2003.





[1] Vanstiphout y Cooper, op. cit., p. 97.
[2] Ibid., p. 132.
[3] Ibid., p. 174.
[4] La cornalina es una variedad de la calcedonia de un intenso color rojo, color asociado a los demonios en Mesopotamia
[5] Traducciones realizadas por la autora a través del ECSL y la versión de Vanstiphout y Cooper, p. 137-139.
[6] Ibid, p. 141.
[7] Una creencia primigenia en Sumer es que los grandes dioses y los grandes demonios emergieron de las montañas.
[8] Niraḫ es el dios-serpiente, ministro del dios Ištaran, el dios de la justicia de la ciudad de Der. Lo que el Lugalbanda quiere decir comparando el vuelo de Anzû con Niraḫ es que el demonio es rápido y directo.
[9] Traducciones realizadas por la autora a través del ECSL y la versión de Vanstiphout y Cooper, p. 142.
[10] Ibid, p. 141-142.