09 mayo, 2015

Las Grandes Luminarias: Inana/Ištar - Utu/Šamaš - Nanna/Sin

El Cielo ha cautivado desde el mismo albor de los tiempos al ser humano, y sobre sus cuerpos celestes ha creado las más bellas historias y las más fascinantes criaturas. En Mesopotamia, la cuna de la civilización, estos astros tomaron forma humana para incorporarse a su panteón mitológico de manera sobresaliente, y es lo que hoy en día conocemos como Luminarias.
A la hora de dividir y estudiar las Luminarias hemos preferido hacerlo basándonos en los estudios de Herman Vanstiphout sobre el poema de Lugalbanda, en lugar de tomar al pie de la letra lo que nos cuenta L. W. King en su investigación acerca del Enûma Eliš. Esta elección se basa única y exclusivamente en un asunto temporal. Mientras que el Enûma Eliš tendría su versión más antigua hacia 1600 aec[1], Lugalbanda fue escrito cuatrocientos años antes, esto es, 2100-2000 aec[2] (si no conoces el Lugalbanda, puedes leer aquí el artículo que le dedicamos en exclusiva). Esto hace que el culto primigenio a las Grandes Luminarias quede, a nuestro juicio, mejor reflejado en el poema épico que en el relato de creación, sin que esto desacredite a uno frente al otro. Se trata simplemente de la evolución de un culto que permaneció en Mesopotamia prácticamente hasta la caída del Imperio Persa, y por eso hemos decidido incluir ambas fuentes.

Qué son las Luminarias
En un sentido muy simplificado, las Luminarias no son sino los grandes cuerpos celestes; esto es, el Sol, la Luna y las Estrellas. Posteriormente se añadirían los planetas, teniendo en cuenta que a veces pudieron ser tomados por estrellas debido a la similitud de su brillo. A pesar de su posición en el cielo, no todas las estrellas se encuentran amparadas bajo la categoría de «luminaria», sino que la mayor de ellas se corresponde con el planeta Venus. Es aquí cuando se puede establecer la diferencia entre «luminaria», que prácticamente englobaría cualquier cuerpo celeste, y «gran luminaria», rango reservado únicamente para el Sol, la Luna y Venus.

De izquierda a derecha: la Estrella Vespertina, la Luna, el Sol.
Detalle de un dibujo del kudurru de Ritti-Marduk, 1125-1104 AEC, Iraq.
Actualmente en el British Museum. 

Por supuesto, no es únicamente en la cultura de Mesopotamia donde encontramos esta veneración a los cielos. Como escribe W. Tyler Olcott, prácticamente la totalidad de las culturas y civilizaciones construye su mitología y su religión en base al cielo, la tierra y el submundo[3], los tres niveles en que E. A. Wallis divide el pensamiento sagrado mesopotámico[4].
Nos quedaremos en Mesopotamia, concretamente en Sumer, la considerada «primera civilización» en la historia de la Humanidad.
La visión de las Grandes Luminarias que ha llegado hasta nuestros días ha quedado bastante distorsionada debido a varios factores. El primero, la propia evolución de la religión en la misma tierra, esto es, después del desarrollo de otras civilizaciones e imperios como Akkad, Babilonia y Asiria, ya que desde el germen sumerio se fueron modificando tanto dioses como formas de culto, del mismo modo que algunas entidades tomaron importancia —como es el caso de Inana—, mientras que otras la perdían —sin desaparecer del todo, nos referimos a los altibajos que el culto a Sin tuvo a lo largo del imperio Asirio—. Otro de los agentes a tener en cuenta es que en Mesopotamia, al menos en un primer estadio, la veneración de dioses estaba muy localizada en grandes ciudades; el culto «base» o «general» era siempre el mismo, pero los templos de las ciudades que casi podrían considerarse ciudades-estado, al modo griego —aunque se trata únicamente de una comparación para ayudar a la comprensión del concepto, y no se pueden colocar como paralelos dos fenómenos tan separados en el tiempo—, escogían a sus «patrones» o divinidades protectoras de manera muy específica. Así el culto se desarrollaba mucho más hacia un dios concreto dependiendo de la ciudad, la región y, en un caso más avanzado en el tiempo, la provincia. Por último, y no por ello menos importante, la recuperación del Enûma Eliš como texto sagrado de referencia en Mesopotamia ha conseguido que la visión de las Luminarias que podemos estudiar esté mucho más vinculada a Babilonia que a su estado primigenio, pero este asunto lo desarrollaremos un poco más adelante.
-       ¿Quiénes son las Grandes Luminarias?
Inana/Ištar = la Estrella o Venus. Esta separación es posterior, ya que al principio se la consideraba una estrella. Lo cual es por demás lógico, ya que después de ponerse el sol, Venus es el astro que más alumbra en el cielo si no está la luna, es muy sencillo localizarla. Inana, que en Babilonia pasaría a llamarse Ištar —nombre por el que es globalmente conocida—, además era la diosa del amor y el placer carnal, la guerra y la fertilidad. Su lugar de culto por excelencia era la ciudad de Uruk.
Utu/šamaš = el Sol. El nombre de Utu es casi exclusivo de Sumer y aparece también en Akkad; en general es poco conocido así, mientras que šamaš se mantendría así hasta casi llegado el imperio persa. Este dios era al mismo tiempo el guardián de la justicia, la ley correcta y la verdad. Al ponerse, šamaš descendía al submundo para decidir la suerte que correrían los muertos. La ciudad del Sol era Sippar.
Nanna/Sin = la Luna. Su templo más importante estaba en Ur, y lo más destacable de él era que, contrariamente a lo habitual, la gran sacerdotisa era una mujer, cuando lo normal era que el sacerdocio se correspondiera con el sexo del dios. Porque sí, aunque pueda parecer sorprendente la Luna está representada en Mesopotamia como una entidad masculina, y no femenina en contraposición con el Sol. Pese a los altibajos que antes mencionábamos con respecto a su culto, Nanna podría elevarse sobre las otras dos Luminarias en el sentido de importancia y poder, ya que a pesar de su papel secundario en muchos momentos, su gloria y su fuerza son superiores a las de Utu, y por demás equivalentes a las de Inana.

Tabla de Šamaš. En la parte superior derecha se encuentra el Sol sentado,
y sobre él se aprecian los discos de las Grandes Luminarias.
Hacia el siglo IX AEC, Iraq. Actualmente en el British Museum. 

-       ¿Son cuatro o son tres Grandes Luminarias?
Esta es una pregunta bastante controvertida, pero cuya respuesta resulta más sencilla de lo que pudiera parecer. En sentido estricto, las Luminarias son tres, como antes hemos señalado —Sol, Luna, Venus/Estrella—. Sin embargo, es más que habitual que se hable de Cuatro Grandes Luminarias, que corresponderían a las siguientes, tal y como aparecen en el poema de Lugalbanda: el Sol Naciente, el Sol Poniente, la Luna y la Estrella Vespertina[5]. Con los dos últimos no hay problema, ya que se adscriben cada uno a una divinidad. Entonces, ¿qué sucede con el Sol? Si tomamos como referencia la época de Sumer, como venimos haciendo todo el artículo, únicamente šamaš representa al Sol Naciente y Poniente. No obstante, con la evolución de los cultos estas advocaciones se dividieron; šamaš seguía siendo la divinidad del Sol y el astro en sí mismo, mientras que a Ninurta se le atribuyó la advocación de Sol Naciente y a Nergal la de Sol Poniente.

Sello de Hashhamer donde aparece Nanna en forma de luna creciente.
Hacia 2100 AEC, Iraq.
Actualmente en el British Museum

-       La tríada estelar frente a la tríada creadora
En la mayoría de mitos, Nanna engendró a šamaš e Inana, que son gemelos[6], en su unión con Ningal, la advocación femenina del Sol[7]. La genealogía de las Luminarias resulta entonces evidente, aunque algunas malinterpretaciones han dado lugar a otra historia, en la que las tres Luminarias son hijos directos de An/Anu, el Cielo, y su consorte Ki, la Tierra, y por lo tanto serían hermanos. Lo que está claro es que šamaš, Nanna e Inana formaban en el panteón mesopotámico una tríada de poder vinculada a los cielos y a su conexión con la tierra. De este modo se correspondían con tres entidades superiores a ellos, Anu (el Cielo), Enlil (el Viento) y Ea/Enki (el Agua), en tanto que a ellos se los relacionaba con la creación pura.

Las Grandes Luminarias en el Enûma Eliš
Enûma Eliš quiere decir exactamente «cuando en las alturas/cuando en lo alto», y es el verso de apertura de los mitos babilónicos de la Creación. Fueron rescatados de la destruida biblioteca de Ashurbanipal (668-626 aec) en Nínive por Auguste H. Layard, Mormuzd Rassam y George Smith en su tiempo de excavación de la ciudad, entre los años 1846 y 1876, fecha de su primera publicación traducida al inglés[8]. El formato en que estos textos se encontraron fue el de siete tablillas de arcilla, y es por esto que otro de los nombres que recibe es el de las «Siete Tablas de la Creación». Exceptuando la enorme laguna ocasionada por la pérdida de la Tabla V, el texto se considera completo. El Enûma Eliš contiene en total más de mil versos escritos en Antiguo Babilónico, entre los que podemos encontrar un centenar de escritos en cuneiforme que remiten al Sumerio y al Akkadio.
El relato se centra en la creación del mundo y la supremacía de Marduk, cabeza del panteón de Babilonia, sobre el resto de dioses y fuerzas sobrehumanas —incluso superando a la tríada creadora, An-Enlil-Ea—. Además se incluye la creación de la raza humana con el propósito principal de servir, venerar y rendir culto a los dioses. La versión encontrada por Layard, Rassam y Smith está datada en el siglo VII aec, pero la copia conocida más antigua proviene de Ashur, la vieja capital de Asiria, y estaría datada hacia 1000 aec. No obstante, los historiadores convienen que, del mismo modo que Gilgamesh y Athrahasis, el Enûma Eliš fue escrito durante el periodo del Viejo Babilónico, esto es, hacia 1600 aec.
La tarea de Marduk en el Enûma Eliš consiste en reorganizar la creación y el mundo después de una larga batalla entre la Luz y la Oscuridad. Sin poder evitar señalar la contrariedad del asunto, esta tarea empieza justamente en la Tabla V, la que está prácticamente perdida. No obstante contamos con algunos versos traducidos por King, y todavía se puede entrever en qué consistió esta adjudicación de tareas a todos los cuerpos celestes y criaturas divinas llevadas a cabo por Marduk.
-       Marduk y Nanna
Los versos exactamente dicen lo siguiente:
12. Le otorgó al dios Nannar su luz y puso la noche a su cuidado.
13. Le hizo gobernar la noche para determinar el día.
14. «Una vez al mes, sin fallo, le colocaba una corona diciendo:
15. Al inicio de cada mes cuando os alcéis sobre la tierra con todo vuestro brillo
16. haz tus cuernos proyectarse un máximo de seis días (al mes)
17. En el séptimo día aparece como una corona.
18. En el decimocuarto día…»[9]
Según el propio King, de la línea 18 a la 26 se especificarían exactamente las tareas de Nanna, incluyendo, como podemos apreciar en el poema, la forma exacta en la que el dios debía aparecer en el cielo. Además aquí se incluyen las instrucciones del campeón hacia šamaš, el Sol. A pesar de esta pérdida parcial, podemos entrever un par de cosas. La primera, que Marduk es por supuesto el dios superior a todo, incluidas las Luminarias. No obstante, y esta es la segunda conclusión, la primera de todas a las que se dirige es precisamente a Nanna, lo que indica que todavía conserva parte de su supremacía frente a otros dioses.
-       La referencia a la creación de las Luminarias
King incluye en los apéndices de su traducción un pequeño fragmento en el que se referencia una posible creación de las Luminarias por parte de Anu, Enlil y Ea, aquellos que nombrábamos en este artículo como la «tríada creadora». Resulta ligeramente confuso, ya que aparentemente se requiere de otro astro para controlar el paso de los meses, y es aquí donde la tríada decide crear a šamaš. No obstante, ha sido precisamente Marduk quien ha encargado esta tarea a Nanna, lo cual no plantea sino más interrogantes acerca del texto y sus interpretaciones. Como detalle final, mediante esta lectura se podría considerar que šamaš es hermano de Nanna y no su hijo, como contaba la mitología sumeria y akkadia[10].

Bibliografía
The Electronic Corpus of Sumerian Literature. Faculty of Oriental Studies, University of Oxford. Recurso online.
The Pennsylvania Sumerian Dictionary. Babylonian Section of the University of Pennsylvania Museum of Anthropology and Archaeology. Recurso online.
BATTO, B. F.: Slaying the Dragon: Mythmaking in the Biblical Tradition. Kentucky, Westminster/John Knox Press, 1992.
BLACK, J. y GREEN, A.: Gods, Demons and Symbols of Ancient Mesopotamia. Austin, University of Texas Press, ed. 2011.
KING, L. W.: Enuma Elish: The Seventh Tablets of History of Creation. Filiquarian Publishing, ed. 2007 (1902).
Mark, J. J.: «Mesopotamian Religion», Ancient History Encyclopedia. Recurso disponible online.
Mark, J. J.: «The Mesopotamian Pantheon», Ancient History Encyclopedia. Recurso disponible online.
Michalowski, P.: «Maybe Epic: The Origins and Reception of Sumerian Heroic Poetry», en: KONSTANS, D. y RAAFLAUB, K. (eds.): Epic and History. Oxford, Blackwells. 2009, pp. 7-25.  
TYLER OLCOTT, W.: Sun Lore of All Ages. New York, Paperback, ed. 2008 (1914).
Vanstiphout, H. L. J. y  Cooper, J. S.: Epics of Sumerian Kings: The Matter of Aratta. Atlanta, Society of Biblical Lit, 2003.
WALLIS BUDGE, E. A.: The Babylonian Legends of Creation. New York, Cosimo Classics, ed. 2010 (1921).




[1] BATTO, B. F.; op. cit., p. 35
[2] MICHALOWSKI, P., op. cit, p. 13
[3] TYLER OLCOTT, W.; op. cit., p. 36-37.
[4] WALLIS BUDGE, E. A.; op. cit., p. 2.
[5] Vanstiphout, H. L. J. y  Cooper, J. S.; op.cit., p. 97, 100, 101.
[6] BLACK, J. y GREEN, A.; op. cit., p. 184.
[7] MARK, J. J.; op. cit. BLACK, J. y GREEN, A.; op. cit., p. 135.
[8] WALLIS BUDGE, E. A.; op. cit., p. 1.
[9] Traducción realizada por la autora del original en inglés. KING, L. W.; op. cit., p. 80-81.
[10] Ibid., p. 126-127.