13 junio, 2015

Simurgh en «Manṭiq-uṭ-Ṭayr», «La conferencia de los pájaros»

Acercarse al sufismo merecería un artículo completo y mucho más conocimiento del que en este momento nosotros podemos aportar. Sin embargo, fruto de anteriores investigaciones, nos encontramos con que Simurgh tenía un lugar dentro de esta corriente filosófica como sinónimo del conocimiento absoluto y la sabiduría suprema. Se encuentra dentro de Maniq-u-ayr, «La conferencia de los pájaros», conocidísimo trabjo del místico persa ‘Aṭṭār Farīd-al-Dīn.
Aunque no vayamos a detenernos en el sufismo propiamente dicho, sí es necesaria una breve introducción al mismo para comprenderlo mejor. Según palabras de Abderramán M. Maanán, el sufismo es la expresión más intensa de la espiritualidad dentro del Islam, esencialmente íntimo y personal, pero al mismo tiempo tremendamente influyente en su entorno[1]. Se trata del camino verdadero hacia la sabiduría, la búsqueda del conocimiento absoluto. El nombre de esta corriente mística surge de un interesante juego léxico. La palabra en árabe taṣawwuf describe el acto de una persona que se pone una prenda de lana (ūf) como signo de humildad y austeridad. Por su proximidad al término ṣafā, que significa «pureza», «nitidez» o «traslucidez», Maanán explica que también se ha definido el sufismo como «purificación»[2].

Via: The Wild Reed, autor desconocido

«‘Aṭṭār» y «Farīd-al-Dīn» son, según B. Reinert, los seudónimos de un poeta, místico, teórico y hagiógrafo persa cuyo nombre real no está del todo claro. Las dos posibilidades que plantea Reinert son que se llamase Abū Ḥāmed Moḥammad ibn Abī Bakr Ebrāhīm o, según Ebn al-Fowatī, Sa’d ibn Yūsof[3].

«‘Aṭṭār de Nishapur».
Contenido de Assasin's Creed Wikia, Ubisoft

Sus fechas de nacimiento y muerte también son un misterio[4], pero lo que sí es seguro es que estuvo activo a finales del siglo xii y a principios del xiii, cuando escribió sus numerosas obras. A partir de muchas de ellas, según Reinert y H. Ritter, se interpreta que ‘Aṭṭār era farmacéutico y médico, atendió a un gran número de pacientes, pero parece ser que su fama como poeta no se conocía más allá de la ciudad de Nīšāpūr[5].
En 1177 ‘Aṭṭār escribió la que sería una de las obras más importantes del sufismo medieval en Persia. Se trata del grandiosa elaboración poética del Maniq-u-ayr, «La conferencia de los pájaros», inspirada en el Resālat al-ayr de uno de los dos hermanos Ḡazālī, Aḥmad o Moḥammad, que combina dos temas ya conocidos entonces: la reunión de los pájaros para escoger al más válido de ellos como líder, y el posterior viaje de las aves hasta el lejano lugar donde el pájaro elegido descansa[6]. Según Reinert, ‘Aṭṭār embelleció y expandió las alegorías de Ḡazālī y les proporcionó un significado más profundo[7]. Sus pájaros no son una bandada anónima, sino que intervienen a menudo de forma individual. Además, el relato está enriquecido con anécdotas e historias paralelas, utilizadas por el poeta para desarrollar otros temas dentro de la misma obra.

«Simurgh, soberano de los pájaros», detalle.
British Library, 1610-1611.

El Maniq-u-ayr comienza con la ya citada reunión, en la que todos los pájaros debaten acerca de cuál de ellos es el adecuado para nombrarlo su rey. Resuelven que no puede ser otro que Simurgh –que en este caso es macho, cuando previamente se diferenciaba por su condición de hembra–, y emprenden el viaje hacia su lejano palacio, con la abubilla como líder. La marcha les cuesta la vida a varios de ellos, y finalmente son solo treinta los que consiguen llegar a su destino. Una vez allí, son advertidos de la inaccesibilidad de Simurgh y de su majestad autosuficiente, por encima de todo lo demás conocido. Solo cuando han aprehendido la inmensidad del abismo que los diferencia, esto es, su dependencia frente a la independencia de Simurgh, son autorizados a acudir ante él. Sin embargo, lo que sucede entonces es que los treinta pájaros se dan cuenta de que ellos son el reflejo de Simurgh. Entonces las aves se deshacen en fanā[8], para unirse todos en una forma nueva y divina.
ʿAṭṭār consuma el relato con una afirmación: el hombre alcanzará el conocimiento absoluto dentro de sí mismo, que como antes se explicaba es una de las bases del sufismo. Además, el poeta utiliza un ingenioso juego de palabras para el lector atento; en farsī es el número 30, mientras que mor quiere decir «pájaros».


«Simurgh con los Treinta Pájaros», Maniq-u-ayr.
1493, MS. Elliott 246, fol. 25v.
Bodleian Library, Oxford University. 




Bibliografía
Curry, J. y Ohlander, E. (eds.): Sufism and society : arrangements of the mystical in the Muslim World, 1200-1800. Londres, Routledge, 2012.
Elmore, G. T.: Islamic sainthood in the fullness of time: "Ibn al-ʿArabī's" Book of the fabulous gryphon. Leiden, Brill, 1999.
Maanán, A. M.: Tasawwuf. Introducción al sufismo. Fundación Azzagra, Almuzara, 2006.
Quingles, J.: Persia y los orígenes del sufismo. Madrid, Mandala ediciones, 2008.
Reinert, B.: «ʿAṭṭār, Farīd-al-Dīn», Encyclopædia Iranica. Nueva York, edición digital, 1987.
Ritter, H.: «ʿAṭṭār, Farīd-al-Dīn Muḥammad b. Ibrāhīm», en: Encyclopaedia of Islam. preparing by a number of leading orientalists, vol. i. Leiden, Brill, 1979-2004, pp. 752-755.
Schimmel, A.: Mystical dimensions of Islam. Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 1975.
Singh, N. K. (ed.): Global Encyclopaedia of Islamic Mystics and Mysticism, vol i y ii. Nueva Delhi, Global Vision Publishing House, 2009.
Ziai, H.: «Illuminationism», Encyclopædia Iranica. Nueva York, edición digital, 2004.





[1] Maanán, A. M.: Tasawwuf. Introducciónn al sufismo. Fundación Azzagra, Almuzara, 2006, p. 9.
[2] Ibid., p. 10.
[3] Reinert, B.: «ʿAṭṭār, Farīd-al-Dīn», Encyclopædia Iranica. Nueva York, edición digital, 1987, p. 1.
[4] H. Ritter expone la controversia acerca de estas fechas en su entrada en la Encyclopaedia of Islam. Véase: Ritter, H.: «Aṭṭār, Farīd-al-Dīn Muḥammad b. Ibrāhīm», en: Encyclopaedia of Islam. preparing by a number of leading orientalists, vol. i. Leiden, Brill, 1979-2004, pp. 752-755.
[5] Reinert, B., op. cit., p. 1; Ritter, H., op. cit., p. 752.
[6] Reinert, B., op. cit., p. 3.
[7] Ibid.
[8] Fanā es el término sufí para «extinción» o «muerte». Se refiere a la auto-eliminación del ser, mientras se está físicamente vivo. Las personas que alcanzan este estado están en completa unidad con Dios y, por tanto, con el conocimiento. El fanā es similar al Nirvana en el budismo. Singh, N. K. (ed.): Global Encyclopaedia of Islamic Mystics and Mysticism, vol i. Nueva Delhi, Global Vision Publishing House, 2009, p. 71.

04 junio, 2015

Caballos y jinetes en la literatura medieval persa: el «Šāh-nāmeh»

Se dice que un héroe no es nada sin su arma, una espada, una maza o un arco. Pero realmente, ¿qué es este mismo héroe sin un compañero fiel de batalla y aventura, un amigo al que confiar la vida sin dudar un instante? En este artículo os traemos una recopilación de los personajes secundarios más importantes en la vida de los héroes, tanto medievales como antiguos, y son los caballos.
La figura de la montura maravillosa es inseparable en Persia de su jinete, y muchas veces estos animales destacaron de tal manera que tienen su propio nombre o, en algunos casos, sus propias aventuras. Los caballos están constantemente presentes en la literatura medieval persa, siendo sinónimo de poder y riqueza de aquellos quien los poseen, y el Šāh-nāmeh de Ferdowsī desde luego no es una excepción. Dentro del Libro de los Reyes encontramos a grandes personajes de cuatro patas, sin los que los jinetes estarían totalmente perdidos en más de una ocasión. Si bien es cierto que las descripciones no son del todo exhaustivas —salvo que se trate de Rakhš—, a través de la poesía de Ferdowsī encontramos recursos para imaginarnos perfectamente a estos magníficos animales.
Hemos seleccionado los de mayor peso a lo largo del poema, y nos gustaría presentároslos a todos.


Feraydun y Golrang
El primero de los caballos con nombre propio que encontramos en el Šāh-nāmeh pertenece al príncipe Feraydun. Se llama Golrang, que quiere decir «del color de las rosas», así que podemos suponer que la capa de este animal sería más o menos como la de la imagen de abajo. Como señalábamos antes, detalles de los caballos no encontramos muchos, sin embargo Ferdowsī se encarga de hacernos saber que jinete y montura se complementan a la perfección ya que los dos poseen un gran don: el valor.
«[Feraydun] Su mente estaba concentrada en la batalla próxima y,
sin dejarse intimidar por la profundidad del río,
montó a su valiente caballo Golrang y lo dirigió hacia el agua»[1].

La batalla a la que Feraydun y su ejército se encaminan se librará nada menos que contra el Rey Demonio Zahhak, a quien le brotaban serpientes directamente de los hombros. Al llegar al Tigris —al que ellos llaman Arvand en pahlavi—, acampan a sus orillas e intentan pactar con el barquero para que acceda a pasarlos al otro lado. Sin embargo, el hombre teme la ira de Zahhak y responde que ha recibido órdenes estrictas de no dejar cruzar el Tigris a nadie.
Es entonces cuando Feraydun toma a Golrang y decide cruzar el caudaloso y peligroso río, al frente de sus soldados, por él mismo. El arrojo de su líder mueve al ejército para seguirlo prácticamente a ciegas, y cuenta Ferdowsī que el agua les sobrepasaba la cintura, quedando solo la cabeza de montura y jinete por fuera.

Probablemente este es el aspecto que hubiese tenido Golrang.


El caballo de tres generaciones: Behzād
A lo largo del Šāh-nāmeh este nombre, que significa «de noble linaje», aparece repetido en más de una ocasión para referirse a los caballos. Se podría interpretar como un nombre común para destacar la supremacía del animal escogido sobre los demás. No obstante, Khaleghi-Motlagh rastrea a Behzād a través de tres personajes y tres historias diferentes. Y estos tres resultan ser padre, hijo y nieto.
-       Behzād y Siyavuš
Si por algo es conocida esta pareja es por protagonizar uno de los episodios más repetidos en la iluminación del Šāh-nāmeh: el juicio de fuego del príncipe Siyavuš. Para recuperar la confianza de su padre después de ser acusado por su malvada madrastra de intentar violarla, Siyavuš es condenado a atravesar una pira ardiente. Su inocencia se demostrará si sale ileso. El joven príncipe, seguro de su éxito, monta a lomos de Behzād y atraviesa las llamas sin que estas se atrevan si quiera a rozarlo. Es uno de los episodios más espectaculares y famosos del poema de Ferdowsī, donde Siyavuš pone total confianza en su amigo de cuatro patas para enfrentar su destino.

Detalle de «El juicio de fuego de Siyavuš», 1482, probablemente Širaz. Tinta, acuarela y oro sobre papel. Actualmente en el Metropolitan Museum de Nueva York.

No obstante, Siyavuš tiene que exiliarse lejos de su reino finalmente, y todo cuanto se lleva de su hogar es, justamente, a Behzād.
A lo largo de toda su vida, que no tiene demasiadas alegrías, el caballo acompaña a su jinete hasta el mismo último momento. Llegado cierto punto de la historia, Siyavuš sabe que pronto morirá, así que se encamina a los establos donde está Behzād y se despide de él. Es uno de los momentos más emotivos dentro del Šāh-nāmeh, que nos muestra la íntima conexión que un ser humano puede alcanzar con un animal. además, Khaleghi-Motlagh explica que de la misma manera que Rakhš, Behzād era capaz de comprender las emociones y las palabras[2].

«[Siyavuš] fue hasta los establos donde guardaban sus
caballos árabes y encontró al negro Behzād, que en el campo
de batalla superaba al viento en su carrera. Quitándole
el ronzal Siyavuš rompió a llorar, tomó la cabeza de Behzād
entre las manos y susurró en su oreja:
‘Que nadie más te monte hasta que Kay Khosrow vuelva;
él te cambiará las herraduras. Entonces deberás
marcharte de este establo y llevarlo lejos de la guerra
y la venganza’. Él [Behzād] paralizó a los demás caballos,
salvaje como el fuego que prende a través de las cañas;
entonces Siyavuš partieron hacia Irán, con el rostro cegado por las lágrimas»[3].

«El juicio de fuego de Siyavuš». afaví: probablemente Astarabad, 1620–1621. Acualera opaca, tinta y oro sobre papel. Cambridge, Fitzwilliam Museum, MS 311, fol. 82r.

-       Behzād y Kay Khosrow
A la muerte de su primer jinete, Behzād se marcha del palacio y nos cuenta Khaleghi-Motlagh que se termina uniendo a una manada de caballos salvajes. Sin embargo, Kay Khosrow conoce la herencia de su padre asesinado, y parte de su misión es recuperar a su montura, para tomar el testigo y poder cumplir con la misión encomendada por su abuelo: vengar el asesinato de Siyavuš.
Khaleghi-Motlagh explica que Behzād reconoce al muchacho en cuanto lo ve, y montado sobre su espalda Kay Khosrow comanda el ejército contra Turan, para honrar la memoria de su padre[4].

-       Behzād y Goštāsb
Goštāsb es el nieto de Kay Khosrow y el bisnieto de Siyavuš. Khaleghi-Motlagh señala que, en realidad, no hay ningún indicio de que el Behzād de este príncipe sea el mismo que el de sus antecesores, pero es cierto que tampoco se niega la longevidad de este fantástico animal. el historiador basa su argumento en que, de la misma manera que Kay Khosrow cedió su trono, su corona y su harén a su hijo Lohrāsb, también le cedió su fantástico caballo, y después este rey hizo lo propio con su hijo Goštāsb[5].

Este es el aspecto que hubiera tenido Behzād probablemente. 

Bizhan y Šabrang
En esta pareja el caballo no tiene, se podría decir, una importancia literaria como podrían tenerla Behzād o Rakhš. No obstante, Ferdowsī consideró a este animal de la suficiente importancia como para tener un nombre propio en lugar de ser simplemente el «caballo» del héroe. Šabrang significa «del color de la noche», «negro», lo que ya nos señala una preferencia en los persas del tiempo de Ferdowsī por los caballos de raza árabe y de capa negra.
La historia de Bizhan es una pequeña historia paralela a la de Rostam y Kay Khosrow, siendo otro de los grandes romances dentro del Šāh-nāmeh y una de las escenas más representadas en las ilustraciones. Bizhan se enamora de la hija del rey Afrasyab de Turan, nación siempre enemiga de Irán. El problema viene cuando el amor de la princesa, Manizheh, es correspondido, y ambos amantes se ocultan dentro del propio palacio de Asfrayab. Cuando son descubiertos se desencadenan una serie de sucesos que ponen a Bizhan al frente de terribles situaciones, en las que se menciona a Šabrang como su compañero o como algo que el héroe echa de menos.
Es bastante interesante darse cuenta de cómo los artistas representaron la escena de Bizhan siendo invitado a los jardines de Manizheh siendo estrictamente reales a la descripción de Šabrang proporcionada por el poema.

«Bizhan recibe una invitación a través de la nodriza de Manizheh». Folio del Šāh-nāmeh del Šāh Tahmasp,1525-30.


Los caballos de Khosrow Parviz: Šabdiz y Gulgun
Šabdiz —literalmente, «medianoche», «negro»— era el legendario semental de Khosrow II o Parviz —«afortunado, victorioso»—, uno de los reyes más famosos de la dinastía persa Sasánida (r. 590-628), y que por supuesto tiene su lugar en el Šāh-nāmeh. No debemos confundirlo con Kay Khosrow, mencionado anteriormente; se trata de dos personajes muy separados en el tiempo.
 Šabdiz tenía la reputación de ser «el caballo más veloz del mundo» según lo que nos cuentan Davis y Khaleghi-Motlagh. En el romance épico «Khosrow y Širin», una famosa tragedia romántica del poeta persa Nizami Ganjavi (1141–1209), es Šabdiz, adorado por Khosrow, el que lo lleva hasta su futura esposa, Širin, para que se conozcan después de que Širin se haya enamorado del retrato de Khosrow. Estos episodios también se recogen en parte en el Šāh-nāmeh, lo que además da a entender que no fue una invención original de Ganjavi, sino que se trataba de una historia con una tradición anterior muy asentada.
Šabdiz es uno de los regalos de madurez que recibe Khosrow Parviz cuando toma posesión del trono de Irán, y desde ese momento sus vidas quedan estrechamente unidas. De hecho, el animal tiene una importante presencia a lo largo de toda la historia relacionada con Širin. Desgraciadamente, el poema no se cataloga como tragedia por nada. muy pocos de los personajes tienen finales felices, incluidos los propios protagonistas, y Šabdiz no escapa de la crueldad del destino.
Šabdiz cae en manos de una de las peores tragedias en Mesopotamia y Persia: la enfermedad; y su muerte es inminente. Nadie se atreve a decirle a Khosrow Parviz que su mejor amigo ha muerto, así que finalmente queda en manos de Barbad, un virtuoso poeta. El propio Khorow anuncia que quien traiga noticias de la muerte de Šabdiz será brutalmente ejecutado. Aunque está exponiendo su vida a la cólera y la tristeza del rey, Barbad, a través de una canción transmite las terribles noticias a Khosrow Parviz, que está muy cerca de enloquecer del dolor al saber que no cabalgará junto a Šabdiz nunca más[6].

Folio de «Khosrow y Širin», detalle. Caligrafía e imágenes de Suzi, datado A.H. 904/A.D. 1498–99. Turquía, probablemente Estambul o Amasya. Tinta, acuarela opaca y oro sobre papel; encuadernación en cuero. Metropolitan Museum of Art, Nueva York.

Es de suponer que un rey de la talla de Khosrow Parviz no poseería solo un caballo maravilloso, de modo que de la mano de John Renard nos llega el nombre del segundo caballo más rápido del mundo, por detrás de Šabdiz. Se trata de Gulgun, «el de la capa de rosas». Debido al peso que de por sí tiene Šabdiz, Gulgun no aparece tantas veces y cuando lo hace siempre es apenas una mención de su nombre y de su extraordinaria rapidez. No obstante, y como pasa con otros caballos de este artículo, tuvo la suficiente importancia como para que Ferdowsī le pusiese un nombre, de modo que a nosotras también nos ha parecido pertinente incluirlo en nuestro artículo.

El caballo singular: Rakhš
Sobre este maravilloso animal y todas las aventuras que vive con su jinete, el gran héroe Rostam, ya os hemos hablado con anterioridad. Podéis leer el artículo que le dedicamos a su preciosa amistad haciendo click aquí.
No obstante, y para no excluirlos de esta recopilación debido a su importancia fundamental, vamos a contaros algunas cosas que quizá no sabéis de Rakhš. Por ejemplo, que su sexo no está del todo claro. La traducción que Davis hizo del Šāh-nāmeh del fārsi al inglés señalaba al potro como un macho:
His body was a wonder to behold,
like saffron petals, mottled red and gold.
-
Su cuerpo era una maravilla que contemplar,
como pétalos de azafrán, salpicados de rojo y dorado.[7]

Sin embargo, la publicación de John Renard la describe como una yegua, igual que su madre: «Rakhsh is one of a kind; she and Rustam were destined for each other» / «Rakhsh es única en su especie; ella y Rustam estaban destinados el uno al otro» [8]. La gran mayoría de fuentes consultadas se refieren a la montura como un potro, es más, el propio Ferdowsī señala la masculinidad y la potencia del animal destacando la oscuridad de sus testículos[9]. Más como una curiosidad que como una teoría a tener en cuenta, nos ha parecido curioso este cambio de género de Rakhš. Es posible que esta malinterpretación se deba a la detallada descripción que Ferdowsī realiza de su madre. De ella se pueden sacar muchas conclusiones interesantes, de manera que os invitamos a leer para desgranarlas después:
«Pero entonces una manada de caballos de Kabol
pasó delante de él, y una yegua gris cruzó al galope;
tenía el pecho como el del un león, y las patas cortas;
sus orejas estaban curvadas como dagas brillantes,
su delantera y sus cuartos traseros eran rollizos y su talle era fino»[10].

Tomando las palabras de Renard, la elección de la montura y el arma de un héroe no son una cuestión baladí. Además, como su jinete, los caballos suelen mostrar la grandeza de un linaje extenso y poderoso[11]. Esto es significativo para ahondar en la figura de Rakhš: su madre es una poderosa yegua, descrita de manera que el lector imagina toda la potencia de su cuerpo y su fiereza, ya que más adelante el mozo encargado de los caballos le dice a Rostam que no deja que nadie indigno se acerque a su potro. La poderosa yegua gris se coloca así como un rival para Rostam, que consigue amedrentarla siendo muy joven, y así obtener al único caballo sobre la Tierra capaz de llevarlo sobre su lomo.
En la misma línea del origen grandioso, cabe destacar de dónde provienen los caballos. Kabul es la ciudad donde vivía Rudabeh, la madre de Rostam y esposa del Príncipe Albino Zāl, y donde se desarrollan episodios muy importantes dentro del Šāh-nāmeh, así que la tierra que ha visto nacer a estos magníficos animales tampoco ha sido escogida al azar —si queréis leer qué ocurrió en Kabul y por qué es tan importante, escribimos un artículo al respecto en dos partes. Aquí tenéis la primera parte y aquí lasegunda—.
No existe otro caballo como Rakhš, y eso es algo en lo que todos coincidimos. Tanto expertos como aficionados saben distinguir en este caballo la nobleza y el valor de los que también es estandarte su jinete. Incluso su padre —y con esto cerramos el artículo—, cuyo corazón vuelve a latir más fuerte al contemplar la gloria de su hijo cabalgando a lomos de Rakhš:

«Desde cualquier parte, Rakhš parecía ser una criatura mágica,
veloz en la batalla, con largas zancadas, con furia y espuma
en la boca. Rakhš y su noble jinete parecían
devolverle al corazón de Zāl la alegría de la primavera»[12].

«Rostam atrapa a Rakhš», detalle. Atribuido a Mir Musavvir. Tabriz, periodo afaví, ca. 1525. Art and History Collection LTS1995.2.47.


Conclusiones
Han quedado muchas otras obras medievales por analizar, y muchos caballos y jinetes por incluir, pero el Libro de los Reyes es una buena fuente por la que empezar. La figura del caballo es inseparable de la del guerrero, y de estas líneas analizadas se pueden sacar algunas conclusiones interesantes.
La primera, que los persas sentían gran admiración por los caballos de raza árabe. Estos animales, acostumbrados a las inclemencias del tiempo y la dureza de la carrera, son excelentes corredores y tienen una resistencia muy elevada. No obstante, cabría preguntarse si esta casi perpetua alabanza a los caballos de Arabia no está supeditada a una intención de vincularse a la nación donde apareció el Islam, religión oficial y más poderosa en los tiempos de Ferdowsī. Tal vez fuese otro recurso del poeta para enlazar ambas tradiciones, árabe y persa.
La siguiente conclusión, y es muy importante, es la fidelidad con que los artistas representaban a los caballos en algunos manuscritos, especialmente los del siglo XV-XVI. El morro y el cuerpo de los animales árabes es muy parecido al real, y esto demuestra un interés artístico y una intención de reflejar fidelidad en su trabajo. Además de la fidelidad al propio manuscrito, con los colores exactos descritos por Ferdowsī.
También es interesante la elección del color, el negro, como favorito. Sobre esto pueden escribirse muchas cábalas poéticas, ya que la noche, la oscuridad, el kohl con que los persas y los árabes se perfilaban los ojos encierra muchas connotaciones poderosas y secretas. Sin embargo, nuestra investigación no ha llegado tan lejos, y creemos conveniente señalar que, además del potente significado de un semental de color negro, también aparece en juego la moda del momento o el goce estético.
Porque, no obstante, el caballo más poderoso de todos, el más famoso, no es negro, sino del color de las rosas. Es ciertamente bello darse cuenta que hasta en eso Rakhš era una criatura singular, ya que ni siquiera Golrang tiene una capa igual, solo ligeramente similar.
Cabalgar ha tenido y tendrá siempre una presencia fundamental en el imaginario de las culturas orientales, y dentro de la cultura persa Ferdowsī creó a la pareja más representativa del ideal del héroe a caballo. Rostam y Rakhš son bandera de amistad y lealtad, de valor y fuerza, de jinete y montura.

«Rostam y Rakhš». Imagen cedida por el
proyecto comic 
Rostam: Tales from the Shahnameh.
Especial agradecimiento a Bruce, James y Cameron,
creadores del proyecto.




Bibliografía
Bashiri, I.: Characters of Ferdowsī’s Shahnameh. Iran Chamber Society, 2003.
Blois, F. de: Persian Literature, a bio-bibliographical survey. Begun by the late C. A. Storey. Vol. v, parts 1-3, Londres, The Royal Asiatic Society of Great Britain and Ireland, 1992-1997.
Browne, E. G.: A Literary History of Persia, vol i. Curzon, Curzon Press, ed. 1999.
Davis, D. (trad.): The Shahnameh: The Persian Book of Kings. Londres, Penguin Books Classics, 2007.
HAMAWI, Y.: Mu’jam Al-Buldan, vol. III. Recurso digital.
Khaleghi-Motlagh, D.: «Behzād», Encyclopædia Iranica. Nueva York, edición digital, 1989.
RENARD, J.: Islam and the Heroic Image: Themes in Literature and the Visual Arts. Mercer University Press, 1999.






[1] Traducción realizada por la autora. Davis, D. (trad.), op. cit., p. 22.
[2] Khaleghi-Motlagh, D., op. cit., p. 1.
[3] Traducción realizada por la autora. Davis, D. (trad.), op. cit., p. 269.
[4] Khaleghi-Motlagh, D., op. cit., p. 1.
[5] Ibid.
[6] HAMAWI, Y., op. cit., pp. 319-320.
[7] Traducción realizada por la autora. Ibid., p. 132.
[8] RENARD, J., op. cit., p. 208.
[9] Davis, D. (trad.), op. cit., p. 132.
[10] Traducción realizada por la autora. Ibid., p. 132.
[11] RENARD, J., op. cit., p. 206-208.
[12] Davis, D. (trad.), op. cit., p. 133.