25 junio, 2016

El demonio-serpiente I: Aži Dahāka

Aži Dahāka es uno de los demonios más temidos y al mismo tiempo conocidos de toda la mitología irania. Tal es su influencia que incluso hoy en día existen muchas referencias en el arte popular, el folklore y el universo fantástico, ya que como todos los dragones y monstruos ejerce una poderosa atracción. ¿Pero quién es realmente esta criatura y qué información tenemos sobre él? En este artículo se presenta la oscura y terrorífica figura de Aži Dahāka, el demonio-serpiente.


M13.1 Herakles and the Hydra. The J. Paul Getty Museum, Malibu, California, USA 
Caeretan Black Figure. Attributed to the Eagle Painter. Date: ca 525 BC
Period: Archaic


Dragones en el antiguo Irán
Antes que nada, debe plantearse una pregunta: ¿el Zoroastrismo y el Avesta consideran la existencia de dragones tal y como la mitología occidental los entiende? Ciertamente lo hacen, pero no como el folklore europeo los ha modelado. La palabra aži o azhi en la lengua avéstica proviene del indio ahi, y ambos términos significaban originariamente «serpiente»[1]. Al referirse a criaturas de naturaleza demoníaca y comportamiento maligno, el concepto puede ser traducido como «dragón», en el sentido de que alude a un ser sobrenatural y monstruoso. Se debe tener cuidado al manejar diferentes mitologías desde otras perspectivas culturales, ya que los estudios tradicionales tendieron a establecer equivalentes entre Este y Oeste, malinterpretando conceptos. Este es el caso de los ažis, que pueden ser tomados como dragones si se entiende que eran serpientes terribles y bestiales; de hecho, no tienen alas ni escupen fuego por la boca, sino veneno.
Del mismo modo que la palabra aži fue tomada del indio, el mito de la serpiente-demonio pasó a Irán como parte común de la mitología indo-irania. En Babilonia aparecen también ejemplos de las leyendas sobre héroes dando muerte a dragones —como es el caso de la leyenda de creación de Merodach, el cazador del dragón[2]—, pero el parecido más elevado de lo que el Zoroastrismo va a considerar ažis se encuentra en el relato védico que cuenta el enfrentamiento de Indra y Vṛtra, en lo que los estudiosos han calificado como «mito de la Guerra del Cielo»[3]. Indra, dios del trueno y principal del panteón védico, se enfrentó con Vṛtra, que mantenía las aguas primigenias de creación aprisionadas en las cuevas del interior de una montaña. Al cortar la cabeza del demonio-serpiente, estas aguas fueron liberadas y la creación pudo producirse.
Esta historia se trasladó al pensamiento cosmológico de Irán, aunque incluyendo modificaciones. Skjærvø apunta que, a pesar de que los mitos de la muerte del dragón son comunes a India e Irán, se desarrollaron por separado y de manera diferente[4]. Por ejemplo, las historias avésticas son protagonizadas por seres humanos que marchan contra los demonios y no por dioses, como sí ocurre en los textos védicos. El mito de la liberación de las aguas también tiene su lugar en el mundo zoroástrico, pero enfrentando a dos dioses: la estrella Tištrya/Tištar y el demonio Apaoša, que combatieron por la liberación del océano de creación Vourukaṧa, en lo alto de la montaña Harā bərəzaitī.  Este mito aparece recogido en el Tîr Yašt (Yt. viii, vi, 13-34)[5].
No obstante, a pesar de este episodio, los ažis no aparecen vinculados a las aguas, sino a la sequía. A veces tienen su morada junto a los ríos, pero a excepción de Gandarw, no viven dentro de ellos. Los dragones del Zoroastrismo son, entonces, monstruos considerablemente grandes, con apetito famélico y enloquecido por los humanos y los caballos. Tal y como se presentan en el universo dual de esta religión, donde todo tiene su contrario, estas creaciones malignas son los antagonistas de otros seres provenientes del lado de la verdad, es decir, de Ahura Mazdā[6].


Photograph by Mgkuijpers, Dreamstime


El aspecto: ¿hombre o dragón?
A pesar de que Aži Dahāka pertenece a la raza de los ažis, que tienen todos un aspecto muy parecido y son el mismo tipo de criatura según los textos, las fuentes pueden dar algunos detalles interesantes sobre el aspecto de personajes particulares. En el caso de Sruuvara, otro aži, se sabe que es de color amarillo, que tiene cuernos y que es capaz de escupir veneno desde sus afilados colmillos[7].
Aži Dahāka tiene, según los textos más antiguos, tres cabezas, tres bocas y seis ojos, que por sentido común se asocian a dos por cabeza. Además es del tamaño de una montaña, de fuerza descomunal. El propio Angra Mainyu lo creó a partir del druj más oscuro para sembrar el terror y reducir a cenizas el hogar del asha[8], lo que podría indicar cierta relación con el fuego (Hom Yašt, IX, 8[9]; Zamyad Yašt, VIII, 37[10]). Es descrito como un ser astuto, con un millar de males dentro, terrorífico, y en general no posee únicamente cualidades animales, sino que goza del intelecto de un ser humano. Esto ha llevado a plantear la verdadera naturaleza de su cuerpo, siendo que en los textos más tardíos las referencias a Dahāg/Zahhāk lo presentan como un hombre monstruoso y no como un dragón.
Según Piotr Skjærvø, es un ejemplo de la historia mitologizada o, al contrario, mitología historiada. Contrastando la información que se posee de Aži Dahāka, no está demasiado claro si se trata de un hombre con la forma de un dragón o un dragón con la forma de un hombre. Los textos en avéstico parecen inclinarse más por la forma monstruosa, mientras que en los textos en pahlavi la idea se difumina poco a poco para dejar al personaje como un hombre, y la naturaleza draconiana serviría para aludir de forma metafórica a su esencia demoníaca. Siguiendo la teoría de comparación lingüística de Martin Schwarzt, el apelativo dahāka se traduciría por «(como un) hombre», dando lugar a un homínido serpiente[11].

Hydra de Sandara in DeviantArt.
Source: http://sandara.deviantart.com/art/Hydra-DIPSY-demo-430084141


Los textos Zoroástricos
Alrededor de Aži Dahāka existen muchos relatos y no todos ellos conocidos, siendo el que incluye a Feraydun el más famoso. No obstante, es importante diferenciar, como se señaló anteriormente, dos periodos para este demonio-serpiente. El primero de ellos correspondería a la época de redacción de los textos en avéstico, cuando la figura de Aži Dahāka se consideraba más serpiente que humana, como un monstruo de descomunales proporciones que arrasaba todo lo que encontraba a su paso por orden de su creador, Angra Mainyu.
El Zamyad Yašt, el Himno a la Tierra19 según Darmesteterrelata la historia de cómo Aži Dahāka y uno de sus hermanos demoníacos, Spityura/Spitiiura, se enfrentaron al Fuego Sagrado ātar, un Yazata, por atrapar el xarənah o farr, la gloria que se escapó del cuerpo de Yima/Jamšid cuando Spityura lo partió por la mitad (ZYt. VIII, 46)[12]. Esta Gloria es imposible de sujetar por la fuerza, de manera que Ahura Mazdā y sus Yazatas lanzan sus dardos para retenerla en un lugar físico, y lo mismo hacen Angra Mainyu y sus daēvas. Una vez el xarənah está quieto, el Yazata que se acerca para cogerlo es ātar, el Fuego Sagrado, pero Aži Dahāka se echa sobre él y amenaza con extinguirlo si se atreve a tocar la Gloria. ātar retira las manos, asustado, y entonces es el demonio-serpiente el que abre la boca para tragarse el xarənah. Sin embargo, ātar no se amedrenta y amenaza a la criatura diciéndole que hará estallar sus mandíbulas con sus llamas si se acerca un paso más. El xarənah empieza a inflamarse hasta llegar al océano de creación Vourukaṧa, donde es recogido por el Hijo de las Aguas, aquel de rápidos caballos, que lo entierra en el fondo para que la vida pueda desarrollarse y la Gloria se disperse por el mundo (ZYt. VIII, 46-54).

Depths of the ocean. Source: 

Los textos en Pahlavi
En las fuentes llamadas post-avésticas escritas en pahlavi, el nombre de Aži Dahāka se modifica a Dahāg y en ocasiones a Zohāk, al mismo tiempo que su forma de serpiente da paso a una apariencia humana, aunque con la misma naturaleza demoníaca. Estos textos presentan a Dahāg como el origen de la «mala religión», y lo llaman inmoral, de manchada reputación, injusto, a favor del dolor y la ruina de lo que le rodea. Lo acusan también de la corrupción de la tierra y de sus propios súbditos (Dk, 3.229), incluso de la destrucción del mundo, haciendo hincapié en su raza árabe (Dk, 3.308)[13].
En el Dādestān ī dēnīg Dahāg es presentado como uno de los siete peores pecadores de la creación, como uno de aquellos que realmente estaba cerca de Angra Mainyu/Ahriman. Además se dice que fue el primero en liberar y elogiar el arte de la brujería (D. 71). Es interesante que este texto proporciona a Dahāg una madre monstruosa y demoníaca (D. 71, 77), llamada Wadag y acusada de cometer incestuoso adulterio con su propio hijo mientras su esposo todavía estaba vivo. También es la creadora de la prostitución, la más pecadora de todas las mujeres[14].
Los textos en Pahlavi también proporcionan información sobre el reino de terror de Dahāg, insertándolo en la dinastía de los Pīšdādīes, que sucedieron a Jamšid y precedieron a Feraydun. Sus mil años de gobierno están descritos en el Dēnkard (9.21.12-16) y su genealogía en el Bundahišn, que traza una línea dinástica que llega hasta el mismo Espíritu Maligno (31.6)[15].

Thesaurus Indogermanischer Text- und Sprachmaterialien
Old Avestan Text Sample
Y(asna) 28,1: ms. J2, fol. 175


Thraētaona, el héroe matador de dragones
Tal y como se ha comentado antes, el mito con el que normalmente se relaciona a Aži Dahāka es el del héroe Thraētaona y la prisión en las montañas.
El nombre del héroe ha sido modificado a lo largo de la historia, evolucionando hasta el más conocido por el folklore iranio, Feraydun, pero también llamado Frēdōn o Fereydun. La etimología propuesta para este cambio tendría su origen en India, de nuevo, y este personaje tomaría su nombre del dios védico Trita y el avéstico Thrita, asociado al viento y al trueno. Aunque Trita nunca mató dragones en los textos védicos, sí aparece llevando a cabo hazañas equiparables a las de Indra, de manera que no parece descabellado establecer la relación entre los dos personajes[16].
Los textos en avéstico contienen múltiples referencias a la victoria de Thraētaona sobre el demonio-serpiente Aži Dahāka, pero sin demasiado detalle. El Aban Yašt, el Himno a las Aguas 5 según Darmestetery el Ram Yašt —15 según Darmesteter recogen el mismo mito, que también se encuentra en el Hom Yašt —9 según Darmesteter únicamente mencionado[17].  Son los textos en pahlavi los que proporcionan mayor información, fundamentalmente el Dēnkard.
Una de las versiones narra cómo Aži Dahāka rendía culto a dos divinidades, Ardvisur/Anahita de las aguas y Vayu-Vata del viento, a quienes ofreció un sacrificio de cien caballos, mil bueyes y diez mil corderos. Les pidió el poder suficiente como para dejar los siete climas vacíos de la raza humana y erradicarla de una vez por todas. Por supuesto, los dioses hicieron oídos sordos a su ruego. Sin embargo, el joven Thraētaona realizó el mismo sacrificio, pidiendo la fuerza y la valentía necesaria como para ir a enfrentarse al terrible demonio-serpiente. No solo los dos dioses le dieron el poder que pedía, sino que también le encargaron la liberación de las dos esposas de Jamšid, a quien la bestia tenía prisioneras, y que eran las dos mujeres más hermosas de toda la creación otras versiones dicen que podrían haber sido sus hijas(AbYt. VIII-IX).
Otra versión del mito cuenta cómo el xarənah entró en el cuerpo de Thraētaona cuando todavía estaba en el vientre de su madre. Esto le dio la fuerza suficiente para ser capaz, con solo nueve años, de ir a buscar a Aži Dahāka para acabar con él. El Dēnkard describe cómo el jovencísimo héroe golpeó a la bestia con su maza en el hombro, el cuello y el cráneo sin matarlo. Después tomó su espada y cortó el cuerpo de la bestia en tres partes, de las que empezó a brotar una ponzoña negra, además de toda suerte de alimañas indeseables. Ahura Mazdā lo detuvo entonces, sabiendo que el mundo no merecía llenarse de aquellas criaturas malignas (Dk, 9.20.8-10). Skjærvø parece ver en este episodio una similitud con otros tantos mitos de creación en los que el monstruo es cortado en varias partes que dan origen a los elementos del mundo. Plantea que, tal vez, esta pueda ser una referencia a la creación de varios agentes del Espíritu Maligno[18].
Entonces el demonio-serpiente Aži Dahāka es cegado y encadenado con las más temibles ataduras, confinado en el interior del monte Damavand, la Montaña Sagrada que antes fue nombrada Harā bərəzaitī y condenado a sufrir el más terrible de los tormentos.
De esta manera, Aži Dahāka no perece, sino que se mantiene vivo en el vientre de la montaña. Sin embargo, su confinamiento no será eterno, pues en el día de la Renovación, durante el milenio de Usherdamah, el demonio-serpiente romperá sus cadenas y brotará de la tierra, devorando un tercio de su creación. Hará falta que Ahura Mazdā traiga de entre los muertos el alma de Kirsāsp, el héroe que ya mató al dragón Gandawr, para que este acabe definitivamente con el terror de Aži Dahāka (Pahlavi Rivayat, 30-36).

Monte Damavand. Fotografía de Hamed Khorramyad (2014)


Curiosidades: las apariciones japonesas
· La saga japonesa Final Fantasy creó un monstruo final con el nombre de Azi Dahaka para el juego X-2 (2003) de Play Station 2. Es una criatura parecida a un dragón, con alas y dos cuernos escamosos que le salen del cuello. Tenéis un vídeo aquí: https://www.youtube.com/watch?v=r3DoqL-2lYg
· En el videojuego japonés Suikoden V (2006) para Play Station 2 aparece una embarcación con el nombre de Dahak, y casualmente el barco tiene por mascarón de proa tres cabezas de dragón o serpiente marina. 
· En el juego de cartas japonés Future Card Buddyfight (2014), también llevado a la televisión a través de la animación, aparece una carta/personaje llamada Azi Dahaka como compañero del antagonista. Se refieren a él como «Dragón Demoníaco de la Muerte».


BIBLIOGRAFÍA / BIBLIOGRAPHY

BOYCE, Mary: History of Zoroastrianism Vol. I. Brill, Leiden, 1975.
Darmesteter, James: The Zend-Avesta. Part II: The Sirozahs, Yasts and Nyayis. Delhi, Motilal Banarsidass, ed. 2007.
DHALLA, Maneckji N.: History of Zoroastrianism, New York, Oxford University Press, 1938.
Ingersoll, Ernest: Dragons and Dragon Lore. Dover Publications, Mineola, New York, ed. 2005.
HINELLS, John R.: «Iran iv. Myths and Legends», in: Encyclopedia Iranica. New York, Routledge & Kegan Paul, vol. 13, 2004, pp. 307-321. Available online: http://www.iranicaonline.org/articles/iran-iv-myths-and-legends
Khaleghi-Motlagh, Djalal: «Aždahā: in Persian Literature», in: Encyclopedia Iranica. New York, Routledge & Kegan Paul, vol. 3, 1989, pp. 199–203. Available online: http://www.iranicaonline.org/articles/azdaha-dragon-various-kinds#pt2
MACKENZIE, Donald A.: Myths of Babylonia and Assyria. London, The Gresham Publishing Company, 1914. Available online: https://archive.org/stream/mythsofbabylonia032349mbp#page/n5/mode/2up
MILLS, Lawrence H.: Avesta. Yasna: The sacred liturgy and Gathas/Hymns of Zarathustra. Sacred Books of the East, American Edition, 1898. Digital Edition from 1995 by Joseph H. Peterson, available online: http://www.avesta.org/yasna/yasna.htm
Omidsalar, Mahmoud: «Aždahā: in Iranian Folktales», in: Encyclopedia Iranica. New York, Routledge & Kegan Paul, vol. 3, 1989, pp. 203–204. Availbable online: http://www.iranicaonline.org/articles/azdaha-dragon-various-kinds#pt3
Schwartz, Martin: review of M. Mayrhofer, Iranisches Personennamenbuch I: Die altiranischen Namen I: Die awestischen Namen, Vienna, 1977, in Orientalia 49, 1, 1980, pp. 123-26.
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[1] Skjærvø, Piotr O., op. cit., p. 1.
[2] See MACKENZIE, Donald A., op. cit., p. 138-162.
[3] Ibídem, p. 1-3; Ingersoll, Ernest, op. cit., p. 34.
[4] Skjærvø, Piotr O., op. cit., p. 2.
[5] Darmesteter, J., op. cit., pp. 97-102.
[6] Skjærvø, Piotr O., op. cit., p. 1.
[7] Skjærvø, Piotr O., op. cit., p. 3.
[8] MILLS, Lawrence H., op. cit., p.
[9] Traducción al inglés empleada: MILLS, Lawrence H.: Avesta. Yasna: The sacred liturgy and Gathas/Hymns of Zarathustra.
[10] Traducción al inglés empleada: Darmesteter, James: The Zend-Avesta. Part II: The Sirozahs, Yasts and Nyayis.
[11] Schwartz, Martin, op. cit., p. 123.
[12] Skjærvø, Piotr O., op. cit., p. 6.
[13] Ibídem, p. 7.
[14] Ibídem, p. 8.
[15] Ibídem.
[16] Ibídem, p. 2-3.
[17] Ibídem, p. 9.
[18] Ibídem.

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